Lletra menuda
La sequía invernal de las administraciones

La alcaldesa de Algaida, Margalida Fullana / R.F.
Si los incendios forestales se apagan y neutralizan en invierno, está claro que la provisión de agua necesaria para el verano también debe asegurarse en época invernal de baja demanda. Pero no es así. Las administraciones hibernan cuando la calefacción del despacho resulta placentera y después, ya con el primer sofoco primaveral, empiezan a reñir a la ciudadanía en previsión de un uso responsable del agua que ellas no han asegurado. ¿De qué sirve hacer campañas institucionales de concienciación si el Consell abre los aspersores en días de alerta amarilla para regar la carretera de Manacor?
Entre las restricciones del verano pasado y las del actual solo han mediado promesas de interconexión de redes y nuevos pozos a largo plazo. Tramuntana y el Pla siguen siendo las áreas mallorquinas en riesgo creciente de deshidratación social debido al control avaro que hacen las autoridades del grifo que no saben alimentar. Mientras, en estas mismas zonas, el alquiler vacacional y las explotaciones turísticas no paran de crecer. Todo está interconectado menos los niveles de agua necesaria.
La alcaldesa de Algaida, Margalida Fullana, se indigna por la extracción de agua de los acuíferos de su municipio que hace el Consell para regar la carretera de Manacor y su homónimo de Esporles, Josep Ferrà, aún proclamándose comprensivo, amenaza con el bloc de multas a quien supere los 340 litros diarios de consumo o se entretenga en usos no esenciales. Las administraciones ni siquiera han aprendido a coordinarse en cuestiones esenciales.
Esporles vuelve a estar sujeta al reseco polvo del verano, con cortes de suministro en ses Rotgetes y Jardín de Flores, porque el segundo pozo imprescindible está taponado por el retraso y debido a que, incomprensiblemente, tampoco se ha dado con la fórmula para firmar un convenio con Abacua.
Todo transcurre entre la saturación en superficie y la escasez en el subsuelo. Lo uno y lo otro están lejos de situarse en consonancia. Es una distancia que conduce a la confrontación social y riega, en seco, la desafección política.
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