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El racó de la Memòria de Algaida: un espacio para reflexionar sobre el valor de la democracia

Algaida inauguró ayer este espacio situado en el cementerio municipal con un emotivo acto que congregó a numeroso público

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Algaida

La escultura Mural d’en Frau, donada por Pere Josep Pascual Sureda, ya preside el Racó de la Memòria de Algaida, un lugar de reflexión, aprendizaje y compromiso con los derechos humanos con el que el municipio reconoce y rinde homenaje a las víctimas de la represión. El espacio se ha situado en la entrada del cementerio, donde se ha colocado la obra del artista realizada en hierro sobre una base de piedra de marés. La zona se ha embellecido con la siembra de vegetación y se ha transformado en entorno en el que arte y naturaleza invitan a la reflexión, el recuerdo y la convivencia.

El Racó de la Memòria se inauguró ayer en el cementerio municipal de la Algaida con un emotivo acto en el que Tallats de Lluna representó su espectáculo La sang vessada. También contó con las intervenciones de la alcaldesa Margalida Fullana, y de los regidores Xesc Ramis y Margalida Puigserver, miembro de la Comissió de Memòria Democràtica d’Algaida. Además, numerosos algaidins llenaron este espacio para sumarse a este reconocimiento constatando que «es el compromiso del municipio con la verdad, la dignidad y la memoria», tal y como subrayó la alcaldesa. En su intervención Fullana recordó que el sentido de este rincón es evitar que el olvido ocupe el lugar de la memoria: «Hay una segunda muerte, la que llega cuando dejamos de pronunciar el nombre de una persona, cuando dejamos de contar su historia». Por eso apeló a quienes todavía no se han ido: «Qué haremos con esta memoria, la convertiremos en silencio o en un compromiso para que nunca más una persona sea perseguida, represaliada o asesinada por sus ideas».

Fullana quiso destacar la dimensión humana de toda persona perseguida: crearon familias y proyectos vitales, tuvieron sueños de futuro que les fueron arrebatados de forma violenta. Y con ello quiso expresar que conocer la historia de estos hombres y mujeres es lo único que permite que surja la empatía «que es probablemente el mejor antídoto contra el odio».

Por su parte Margalida Puigserver intervino en representación de la Comissió de Memòria Democràtica constituida hace un año a partir de una iniciativa del Consell de Cultura con la voluntad de «preservar la memoria, promover el conocimiento de nuestra historia y contribuir a la dignificación de todas las víctimas de la represión en nuestros pueblos». Sin embargo, Puigserver también dijo intervenir desde una dimensión personal, como familiar de un represaliado: Pere Llull Fullana.

En este sentido recordó que el homenaje de ayer coincidía con una fecha significativa para el pueblo: se cumplían cinco años de la identificación y entrega a la familia de los restos de Pere Llull, Tiró, alcalde republicano de Algaida ejecutado y enterrado en el cementerio de Son Coletes, en Manacor. «La memoria democrática no solo recuerda los nombres que hemos podido recuperar, también da voz a aquellos que todavía esperan ser encontrados, identificados y dignificados», afirmó Puigserver. La regidora expresó el deseo de que el Racó de la Memòria no sea solamente un lugar para recordar el pasado: «Es un espacio que nos invita a reflexionar sobre el valor de la libertad, de la democracia y de los derechos humanos».

La represión en Algaida

La creación del Racó de la Memòria es una de las primeras acciones derivadas de la aprobación, en el Plenario del mes de mayo con los votos del equipo de Gobierno del PSIB y de los regidores de Més, de la Ordenanza Municipal de Memoria Democrática, un marco normativo para impulsar acciones municipales en el ámbito de la memoria histórica y democrática, desde una perspectiva inclusiva, participativa, educativa y reparadora.

En la exposición de motivos de esta ordenanza se detalla que desde el verano de 1936 hasta los primeros meses de 1937, tuvieron lugar actos de represión que acabaron con la vida de una veintena de algaidins. Según se recoge, la mayoría fueron asesinados de forma indiscriminada y enterrados en fosas todavía no identificadas, de modo que noventa años después los interrogantes persisten.

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