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Disfrute de la acampada y valores del abuelo

Una imagen de la entrada principal a la finca de Cala Murta.

Una imagen de la entrada principal a la finca de Cala Murta. / DM

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Llorenç Riera

Llorenç Riera

Era otro modo de acampar y de entender la diversión y la formación. Todo un alivio para el verano de muchas familias mallorquinas. Con pocas exigencias y mucha generosidad, sobre todo en la segunda mitad del siglo pasado, Cala Murta propició estancias estivales impulsadas por organizaciones religiosas, cívicas y deportivas en las que el voluntariado de los responsables era el eje motriz que beneficiaba a jóvenes y adolescentes. Fue el campamento diferente en lugar privilegiado, casi en las antípodas de otros establecimientos más reglados y oficiales como puede ser La Victòria. Las penínsulas de Formentor y Cap de Pinar siempre se han mirado de forma diferente en cuestión de acampadas.

Fue primero la actividad que la denominación. Acampadas por tolerancia antes que por regulación. La propiedad, hoy reconocida en la Fundación Rotger Villalonga, formalizó la normalización de las acampadas a partir de 1974, mientras que los tiempos, las ordenanzas y la presión humana transcurría por unos derroteros más tortuosos que la quietud del disfrute de la naturaleza. Por eso Cala Murta también sucumbió y en sus cabañas, hoy de aspecto nada agraciado, falta el bullicio del ajetreo infantil.

Ahora se abre la posibilidad de que los niños y jóvenes de hoy recuperen el beneficio del campamento privilegiado que estrenaron sus abuelos, lo cual significa que, si las cosas se hacen bien, también podrán profundizar en los valores de la convivencia y el conocimiento de un entorno difícil de comparar. El Govern ha dicho que la recuperación de Cala Murta no tiene porqué someterse a una evaluación de impacto ambiental ordinario. Basta con seguir respetando las normativas de protección que tutelan a la Serra de Tramontana. No todo el mundo tiene el privilegio de instalar la tienda de campaña en un enclave reconocido como Patrimonio de la Humanidad. Un verdadero privilegio. Lo cierto es que no era conveniente aletargar todavía más el estado actual de Cala Murta. Su deterioro no era compatible con las condiciones privilegiadas del entorno en el que se ubica.

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