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Lletra menuda

Mal de muchos, consuelo de contagio público

Imagen del parque donde se ha realizado el vertido investigado por el Ayuntamiento de Alcúdia.

Imagen del parque donde se ha realizado el vertido investigado por el Ayuntamiento de Alcúdia. / DM

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llorenç riera

Hace tiempo que las bahías de Alcúdia y Pollença sufren el flagelo de vertidos incontrolados en la costa. Las aguas de s’Albufera se debilitan, la depuradora de Can Picafort permanece atada a su propia impotencia y ahora, para no perder la racha, un camión cisterna se atreve a verter aguas fecales en una zona verde de es Barcarès. Se dirá que son hechos muy diferentes y hasta distantes y que no tiene que nada tiene que ver lo uno con lo otro. Cierto, pero también discutible y preocupante al mismo tiempo, dado que la contaminación medioambiental no es selectiva en sí misma, sobre todo porque en la amplia franja aludida existe una alta presión humana en verano, áreas naturales frágiles y escasez de infraestructuras de depuración de aguas.

De hecho, este último vertido a las bravas en Alcúdia se ha podido seguir a partir de una avería en la estación de bombeo de la zona costera. También gracias a que las redes sociales siempre están de guardia y de inmediato han activado sus propias tuberías de interpretación y denuncia. De todo circula por ellas, desde reproche a la «desfachatez» de vaciar denso contenido fecal en área no disponible para ello, hasta un supuesto sentido práctico usado para convertir restos orgánicos en abono fertilizante. Otros advierten de peligros químicos o dicen que total, no hay para tanto, porque lo que ha pasado en es Barcarès se repite a diario en foravila. En fin, la interpretación es libre y ligera, lo cual nos lleva a pensar que la contaminación de origen no radica solo en la materia abandonada en lugar inapropiado, también se vierte en valoraciones sociales que no van más allá de lo personal y privado. Aquí se ha venido a decir que, si muchos vierten aguas fecales a las bravas, los riegos para la salud pública quedan diluidos. Y anónimos, sobre todo eso, para que las responsabilidades no salgan a flote.

Sería fecal de verdad que la empresa que ha abierto el chorro impresentable en es Barcarès saliera inerte de su atrevimiento. De ser así, quedaría un mensaje claramente nocivo que dañaría, en contra de lo que piensan algunos, incluso su propia reputación.

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