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Fiestas de Sant Joan

La desaparecida tradición de Sant Joan en Manacor: Ocho años sin el ritual mágico del ‘vimer’, ahora a la venta

S’Hort des Correu, a las afueras de la ciudad, fue un cuidado jardín botánico, famoso por acoger un árbol que curaba las hernias de los niños que pasaban por sus ramas, con los primeros rayos de sol de la mañana de Sant Joan

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Sebastià Sansó

Sebastià Sansó

Manacor

En marzo de 2022, la familia Servera, vinculada a las Cuevas del Drach de Portocristo, puso a la venta la finca de s’Hort des Correu, en las afueras de la ciudad de Manacor. Así se ponía fin definitivamente a una relación centenaria del espacio con el pueblo y con uno de los mitos más curiosos de Sant Joan.

Por aquellas fechas, hace ya más de cuatro años, hacía ya tres que la familia Llull, los últimos encargados de la casa, había dejado es Correu poco antes de la pandemia. Y con ellos se había perdido la tradición del 'vimer' mágico, el árbol capaz de curar de hernias, una vez al año, a los niños que pasaran desnudos por entre sus ramas en el momento de la salida del sol de la noche más corta, siempre a las 6,20 horas.

Ahora que se cumplen ocho años sin ‘vimer’, la finca sigue cerrada y en venta. Ya no por esos 1,2 millones iniciales, sino por 750.000 euros, según apunta el portal inmobiliario Idealista, que además de ofrecer los datos técnicos de la propiedad (una parcela de 26.000 m2 y una superficie construida de unos 600 m2), explica que “existe la posibilidad de acondicionar 12 dormitorios y otras estancias como un lounge de entrada, una sala y comedor con techos muy altos o una amplísima cocina con comunicación al precioso patio. La parte exterior está rodeada casi por completo de antiguas murallas de piedra. El pozo con una antigua fuente, el inmenso estanque de agua, varios patios, terrazas abiertas y cubiertas forman el escenario perfecto para la creación de un jardín paradisíaco”.

Una imagen de la finca de s'Hort des Correu de Manacor.

Una imagen de la finca de s'Hort des Correu de Manacor. / S. Sansó

La redirección al portal de venta, First Mallorca, con sede en Calvià, también insinúa la posibilidad de que s’Hort des Correu pueda “ser transformado fácilmente en una hostería rural con su propio restaurante en el futuro”, además de incluir referencias geográficas locales cercanas como “el centro de Manacor y la academia de tenis de Rafael Nadal, la proximidad a Portocristo y las numerosas calas marítimas, así como la conexión directa por autopista a Palma y el aeropuerto”.

Jardín botánico

Pero volviendo al ‘jardín paradisíaco’ al que hace referencia el anuncio promocional, sabemos que s’Hort des Correu, efectivamente, fue un espacio de experimentación agrícola muy cerca del pueblo.

De estilo modernista y con elementos cerámicos propios de finales del siglo XIX y principios del XX, este lugar de tipología inglesa y algo desordenada, cercano a las casas de s’Hort des Correu, reunía una gran cantidad y variedad de árboles, plantas curativas y arbustos.

Situado a la salida de Manacor hacia Portocristo, fue en los últimos años del siglo XIX cuando los hermanos Joan y Miquel Amer Servera ‘Correu’ diseñaron allí un jardín botánico para complementar y dar prestigio a la explotación agrícola de regadío. Con fines científicos y lúdicos, el jardín (ahora abandonado) cuenta todavía con dos ‘vimers’ mágicos, donde hasta hace ocho años decenas de personas afectadas por hernias pasaban por entre sus ramas la mañana de Sant Joan.

Una imagen retrospectiva de la finca, cuando había un jardín botánico.

Una imagen retrospectiva de la finca, cuando había un jardín botánico. / DM

Destacaban las hidrias gallonadas y las trabajadas a partir de una sección oval, así como pilastras destinadas a soportar los ‘cossiols’ y la barandilla del lavadero con balaustres rectangulares formados por la superposición de semicírculos con ornamentación vegetal. El jardín botánico fue, a la vez, un acogedor espacio de esparcimiento y relajación.

Perteneciente en su momento a la finca de Sa Font Nova, ocupó (y aún ocupa) una extensión de cuatro cuarteradas de huerta y cereal. Delante de la entrada de la casa se alza un pedrís de marés con cossiols de tiesto, con un lavadero que disponía de un paseo con bancos para el descanso y la observación del jardín. Ahora quedan solo unos naranjos y restos de una terraza hexagonal. También algunas canalizaciones que servían para llevar agua desde una ‘sínia’.

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