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Descontrol y exceso de permisividad

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Llorenç Riera

Llorenç Riera

No hay apartado en el diccionario en el que las palabras, los conceptos y las definiciones se repelan con mayor virulencia que en la interconexión de los dos términos que asocian viajes con estudios. Tanto en s’Arenal como ahora en Cala Rajada, se puede constatar, a modo de pesadilla y resaca, que el mal llamado viaje es pura evasión de localización intrascendente y que la alusión al estudio viene dado por una regulación académica que disocia el aprobado en matemáticas o filosofía, pongamos por caso, de la necesaria diversión civilizada y saludable que aporta energía positiva a la juventud. Suspende la práctica.

«Todo incluido y sin restricciones», sin descartar las de la edad. Así tiende la trampa de su negocio, sobre barra libre de la permisividad, una agencia que concentra sus intereses en Cala Rajada. Que los estudiantes aprendan pronto para así poder quedar enganchados cuanto antes al turismo de excesos. El fin de curso es un potencial inestimable para asegurarse la clientela de mañana mismo.

«No queremos convertirnos en un destino de turismo de excesos» proclama indignada la alcaldesa de Capdepera, Núria Garcia. Que no equivoque el tiro. Antes de centrarse en jóvenes reconducidos hacia la borrachera fácil y el exceso de decibelios, conviene que ponga veto a las agencias que reservan Cala Rajada como corral propio, que haga campaña entre los hoteleros que se llenan la boca con el turismo de calidad pero abren sus establecimientos al consumismo denigrante. Y, sobre todo, que consolide vías administrativas de su competencia y exija las ajenas para que el turismo pueda responder a su digno nombre. Lo demás, son palabras y engaños. Desde luego, ni Capdepera ni las personas que pasan sus vacaciones en el municipio, se merecen la imagen que ahora cae en picado sobre Cala Rajada. Es una losa que se puede levantar. Con determinación y esfuerzo, claro.

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