Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Tres 'donades' toman el relevo en el Castell d’Alaró para preservar su esencia

María Melis, Anna Valls y Linda Bottinelli asumen la gestión de la hospedería y el restaurante con el objetivo de mantener vivo el espíritu de uno de los enclaves más emblemáticos de la Serra de Tramuntana

Las tres donadas del Castell d'Alaró.

Las tres donadas del Castell d'Alaró. / Silis Campins

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Alaró

María Melis, Anna Valls y Linda Bottinelli son las tres donades del Castell d’Alaró y asumen la gestión de la hospedería con el objetivo de preservar la esencia de uno de los espacios más emblemáticos de Mallorca. Cuando la Fundación Castell d'Alaró les comunicó que habían ganado la concesión para gestionar la hospedería y el restaurante, las tres donades no se conocían en persona. Habían compartido reuniones virtuales, documentos y largas conversaciones sobre el futuro del Castell, pero todavía no habían coincidido físicamente las tres al mismo tiempo. Lo que las unía no era una amistad previa ni una trayectoria compartida, sino una visión común sobre uno de los lugares más singulares de la Serra de Tramuntana.

El Castell d'Alaró.

El Castell d'Alaró. / Silis Campins

La historia comenzó meses antes de que se resolviera la licitación. Ninguna conocía los planes de las otras, aunque las tres estaban interesadas en presentarse para asumir la gestión del refugio. Todas habían contactado por separado con Natxo, antiguo donat del Castell y responsable de su gestión durante catorce años, para conocer mejor el funcionamiento y las exigencias que implicaba. Fue precisamente él quien acabó convirtiéndose en el nexo de unión.

Consciente de que compartían inquietudes similares, decidió ponerlas en contacto. La primera reunión se produjo a través de una videollamada. Anna se encontraba viajando por Chile, mientras María y Linda participaban desde Mallorca. Durante aquella conversación cada una expuso sus ideas y la manera en que imaginaba el futuro del Castell. A medida que avanzaba la reunión fueron descubriendo que sus planteamientos coincidían en muchos aspectos esenciales. La conclusión llegó de forma natural: «O competimos o nos unimos». Optaron por la segunda opción.

A partir de aquel momento comenzaron a trabajar en una candidatura conjunta. Analizaron las condiciones de la concesión, repartieron tareas y redactaron el proyecto a distancia. La resolución tardó en llegar más de lo esperado y la incertidumbre se prolongó durante semanas. De hecho, no llegaron a verse las tres en persona hasta principios de mayo, cuando la Fundación les comunicó que habían sido las elegidas para iniciar una nueva etapa en el Castell.

Tres caminos hacia el Castell

Aunque sus trayectorias eran muy diferentes, las tres se encontraban en un momento vital parecido. María Melis había trabajado durante treinta años en farmacia y sentía que había llegado el momento de emprender un cambio profundo. Desde siempre había mantenido una estrecha relación con la montaña y los refugios, y cuando supo que Natxo dejaba el proyecto empezó a plantearse la posibilidad de presentarse a la concesión. Sin embargo, reconoce que no se veía capaz de afrontar sola una responsabilidad de tal magnitud. «Había dedicado muchos años a cuidar de todo el mundo y llegó un momento en que quería dedicarme más tiempo a mí misma», explica. Además, sus estudios sobre nutrición y alimentación saludable le permitían afrontar sin miedo la dimensión gastronómica del proyecto.

La relación de Anna Valls con el Castell tiene una dimensión más emocional. Hija de padre mallorquín, se instaló en Alaró hace ocho años. La primera excursión que realizó al llegar fue precisamente al Castell d'Alaró. Todavía recuerda la impresión que le causó contemplar las dos montañas que dominan el municipio. «Me parecieron especiales, con una energía muy fuerte», recuerda. Junto a un grupo de amigos estableció la tradición de subir a cenar al Castell una vez al mes. Durante una de aquellas subidas, se sorprendió a sí misma pensando: «Algún día viviré y trabajaré aquí». Recuerda entre risas cómo vio un cartel colocado por Natxo y David en el que buscaban personas interesadas en colaborar en el Castell. Entre bromas con sus amigos, comentaron la posibilidad. Nadie imaginaba entonces que aquella idea terminaría convirtiéndose en realidad.

Por su parte, Linda Bottinelli, tras doce años vinculada a la escuela alternativa y a proyectos de crianza en la naturaleza, encontró en la propuesta una continuidad natural con los aspectos que habían marcado su trayectoria: la educación, la convivencia, el contacto con la naturaleza y la creación de espacios que favorecen el encuentro entre las personas.

También destacan el papel de quienes permanecen en segundo plano: el marido de María, familiares, amigos y colaboradores: «No se les ve, pero están ahí», afirman.

Las tres coinciden en que el proyecto llegó en un momento de madurez personal. Más que un nuevo trabajo, encontraron la posibilidad de construir una forma de vida coherente con aquello que llevaban tiempo buscando. Cuando comunicaron la noticia a sus familias, la reacción fue casi unánime. «Pensaron que estábamos locas», recuerdan entre risas. Sin embargo, la sorpresa inicial dio paso al apoyo.

Suscríbete para seguir leyendo

TEMAS

  • Mallorca
Tracking Pixel Contents