El Polvorín de Porreres abre sus puertas al teatro y a la memoria histórica
El antiguo Polvorín de Porreres revive convertido en escenario teatral gracias a El darrer reemplaç, una propuesta de Mai Som Tots Teatre

Dos actores caracterizados de soldados. / Mai Som Tots Teatre

El antiguo Polvorín de Porreres, durante décadas un recinto militar cerrado y prácticamente desconocido para gran parte de la población, recupera, durante algunos fines de semana parte de su memoria convertido en escenario teatral. La compañía Mai Som Tots Teatre presenta allí El darrer reemplaç, una propuesta que mezcla visita guiada, memoria histórica y dramatización para adentrar al público en la vida cotidiana del antiguo cuartel.
La iniciativa surgió casi por casualidad. Según explica la dramaturga y directora Margalida Estelrich: “todo comenzó cuando uno de los integrantes del grupo, conocido como Xuri, paseaba habitualmente por delante del recinto y pensó que aquel lugar podía convertirse en materia teatral. La idea la compartió con Marc Rigo, miembro también de la compañía y antiguo soldado destinado en el polvorín, y ambos empezaron a recopilar datos sobre la historia del lugar”.

Una escena del polvorín de Porreres. / Mai Som Tots Teatre
A partir de aquella documentación nació una obra concebida como una experiencia itinerante. El público recorre distintos espacios del antiguo complejo militar mientras aparecen personajes y escenas que recrean cómo era la vida en el recinto cuando todavía estaba en funcionamiento. El espectáculo explica el origen del polvorín, la construcción de sus instalaciones y el funcionamiento diario del cuartel, pero evitando deliberadamente el tono de una lección histórica convencional.
“Mi reto fue explicar la historia del lugar sin que fuera un reguero de datos pesado y difícil de digerir”, señala Estelrich. Por ello se optó por construir pequeñas historias humanas capaces de transmitir el ambiente social y emocional de aquella época.
La propia sinopsis define el polvorín como “un lugar o edificio convenientemente dispuesto para guardar pólvora y otros explosivos”, aunque la obra va mucho más allá de la descripción militar. El montaje convierte el recinto en un símbolo del paso del tiempo y de los cambios sociales vividos en Mallorca durante décadas.
Una de las escenas más representativas transcurre en Cas Capità y contrapone “la cultura atávica mallorquina” encarnada por la madre frente a la modernidad simbolizada por la hija y el bikini. De ahí surge una de las frases más significativas del espectáculo: “Aquesta juventut i els americans ens portaran a perdre”.
Momentos de humor
La obra también introduce momentos de humor, como las escenas protagonizadas por los soldados del tirachinas y la rata, convertidos en el contrapunto cómico de la representación. Sin embargo, el montaje adquiere también un tono profundamente reflexivo en el fragmento ambientado en el nido de ametralladora, centrado en los efectos morales y humanos de la guerra. “Vosotros habríais hecho lo mismo”, afirma uno de los personajes, mientras el capitán sentencia: “Las guerras nos cambian a todos”.
Precisamente la figura del capitán funciona como hilo conductor de toda la representación. El personaje comienza a sufrir demencia y vive anclado en los recuerdos del polvorín en activo, evocando una época marcada por la disciplina y el sentido del deber. “Si la raya de los pantalones está bien hecha y el cuello de la camisa bien almidonado, todo está en orden”, afirma en una de las escenas.
La parte final introduce a un viejo soldado que establece un paralelismo entre “la época dorada del polvorín y la decadencia actual”, enlazándolo con su propia vejez y con la nostalgia de quienes creen que cualquier tiempo pasado fue mejor. El personaje resume ese choque generacional con una frase cargada de ironía: “Somos el resultado de una generación defectuosa que pasó de la cinta de casete a tener la música en una nube”.
El programa de mano del espectáculo destaca además el importante trabajo de documentación histórica realizado por Marc Rigo y agradece especialmente la colaboración del último comandante del polvorín, Joan Sorell Mora, así como el apoyo logístico del Ayuntamiento de Porreres. Todo ello ha permitido rescatar del olvido un espacio singular que hoy vuelve a abrir sus puertas convertido en memoria viva y escenario teatral.
Las funciones tienen lugar durante los fines de semana y la reserva de plaza debe hacerse a través de la página web de Mai som tots teatre.
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