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Lletra menuda

Una agresión de menor intensidad

S’Albufera de Mallorca

S’Albufera de Mallorca / Manu Mielniezuk

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Llorenç Riera

Llorenç Riera

No es aconsejable pisar muy fuerte al transitar por s’Albufera para no desbaratar a las aves ni alterar un ecosistema muy frágil y más castigado cada día que pasa.

Sin embargo, la declaración de impacto ambiental de la dirección general de Armonización Urbanística y Evaluación Ambiental ve tolerante abrir zanjas y cambiar tuberías para cambiar los colectores de la depuradora compartida entre Muro y Can Picafort.

La provisionalidad es un factor determinante en esta situación. Hay obras imprescindibles y todas ellas son incómodas, ésta reúne las dos condiciones de forma acentuada porque responde, antes que a cualquier otra cosa, al desentendimiento y al retraso. La Conselleria, animosa ella, se llena la boca diciendo que un nuevo colector de salida y otro que lleva por gravedad las aguas residuales de Can Picafort, reducirán el impacto de los vertidos contaminantes sobre s’Albufera. Ni siquiera contemplan la eliminación inmediata. La realidad es que la zona húmeda más importante de Mallorca sigue bebiendo pestes porque los ayuntamientos de Muro y Santa Margalida han estado demasiado tiempo enfrentados por una nueva depuradora inevitable y que ahora se fía a largo plazo. Ni caso tampoco a la imposición del PORN de s’Albufera para tener desmantelada la estación impulsora de ses Salines el próximo año.

Mientras, un parche de tres millones de euros en forma de tuberías más modernas y de efecto relativo debido al constante incremento de la presión humana en la zona. Vistos los acontecimientos, o más bien las parálisis, es fácil observar cómo el principal efecto contaminante de s’Albufera está en unas administraciones públicas que no han sabido estar a la altura de las circunstancias.

Falta de entendimiento, cabezonería personal y renuncia a un diálogo necesario. S’Albufera dispone de mucha normativa protectora que a la hora de su aplicación topa con los obstáculos de la política mal entendida y la falta de coherencia. Por eso, ahora se anuncia como un buen logro la disminución no asegurada de los efectos contaminantes que padece.

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