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Agricultura ecológica en Mallorca: las semillas de una siembra definitiva

Una imagen de la finca de Son Herevet.

Una imagen de la finca de Son Herevet. / APAEMA

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Llorenç Riera

Llorenç Riera

Aunque solo sea por motivación estética, a Mallorca le conviene avanzar en la producción agrícola y consumo ecológico. Fora Vila avanza en su imagen lastimosa y su fisonomía se degrada en perjuicio incluso de la panorámica y el gancho turístico que sigue capitalizándolo todo. Pero, con ser importante, el aspecto visual no es el único ni el fundamental, porque hablamos de tierra, cultivo, trabajo, consumo, alimentación, productividad y labor profesional y, si con todo ello es posible, hecho con agrado y sentido ecológico. Desde luego, estas no son las características generales que rebrotan hoy sobre el conjunto del campo mallorquín. Dentro de ellas, y tras un largo periodo de abono, germina ahora el Plan Estratégico de la Producción Ecológica pensado para dar fruto hasta 2030. Tiene aspecto robusto y por lo menos acredita contar con la savia aportada por productores del sector y técnicos especialistas en su crecimiento. Digamos que son las semillas de una siembra que se antoja definitiva. Ahora o nunca. La agricultura mallorquina, sea ecológica o convencional, no está en condiciones de tolerar más demoras de auxilio.

Si hay conocimiento, ganas y medios puede haber también remedio. Una dotación de 67 millones y otras tantas medidas desmenuzadas hasta la concreción, conforman un buen punto de partida. Entre la dureza del esfuerzo y trabajo que comportan los objetivos marcados, ahora el viento puede soplar a favor de la agricultura ecológica; entre otras cosas, porque Balears es ya hoy la Comunidad que más productos consume de esta índole. Lo hace por encima de más del doble de la media del conjunto de España. A partir de ahí, es menos complicados cumplir con los objetivos marcados de ser más fuerte, rentable y competitiva con una agricultura natural que ocupe una cuarta parte de la superficie agraria disponible en Balears.

Lograrlo significa también reducir burocracias, asegurar el relevo generacional y depender menos de unas subvenciones ya viciadas.

La Administración ha demostrado saberlo. Ahora solo falta que no le aparezcan plagas en el cultivo que acaba de sembrar en forma de Plan Estratégico.

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