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Una larga carrera policial | María Antonia Pons Aguiló Policía Local de Marratxí

María Antonia Pons, policía local de Marratxí: «Nunca me he sentido menospreciada por ser mujer, el uniforme no entiende de géneros»

Después de 34 años de servicio en el cuerpo policial del Ayuntamiento de Marratxí , María Antonia Pons inicia una merecida jubilación

María Antonia Pons, durante un acto de la Policía Local.

María Antonia Pons, durante un acto de la Policía Local. / R. P. F.

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Redacción

Marratxí

María Antonia Pons Aguiló, después de treinta y cuatro años de servicio como policía local de Marratxí, ha llegado a la hora de su retiro. Accedió al cuerpo en el año 1992 y ha permanecido en activo hasta su último servicio este mes de mayo.

En esta entrevista muestra la auténtica cara de la Policía Local, que hace replantear la visión de muchas personas que la consideran únicamente un cuerpo sancionador, cuando en realidad su función es proteger y velar por la seguridad ciudadana. Está formada por personas con sentimientos que, en muchas ocasiones, deben actuar en situaciones comprometidas, como accidentes de tráfico con víctimas, dejando a un lado sus emociones para atender a quienes lo necesitan.

¿Cómo fue su decisión de formar parte de la Policía Local?

Por vocación. Mi vocación siempre ha sido de servicio y no de imponer. Esto también se refleja en las plantillas mixtas, donde se utiliza más el diálogo y la mediación. Sobre todo, siempre he aplicado el sentido común, que es muy importante a la hora de resolver conflictos. Hace treinta años, entrar era casi imposible; ahora se han eliminado barreras, se han creado planes de igualdad y hoy casi un 30% de las policías locales son mujeres.

En sus primeros años, ¿tuvo algún problema, tanto con la ciudadanía como con sus compañeros, teniendo en cuenta que fue de las primeras mujeres policías de Marratxí?

Desde el primer día me acogieron fenomenal. Nunca me he sentido menospreciada por mis compañeros ni por mis mandos por ser mujer; siempre he sido una más. Pienso que la acogida real te la ganas tú con el día a día, jugándotela en la calle y demostrando que el uniforme no entiende de género. Cuando ha habido paternalismo y me han dicho “no vayas tú, que ya voy yo”, siempre lo he tomado como una forma de protección, y estoy segura de que fue así. Nunca lo he interpretado como una anulación.

Creo que fue la tercera mujer policía de Marratxí.

Sí. A la primera no la conocí, ya que había abandonado el cuerpo. En 1992 entramos dos mujeres, y ahora soy la primera en jubilarme.

Como mujer policía, ¿qué cree haber aportado al cuerpo?

Hemos roto estereotipos y aportado una mirada distinta. Las patrullas mixtas utilizan más el diálogo. Hemos conseguido que muchas mujeres denuncien porque se han sentido comprendidas. Creo haber aportado mediación en los conflictos, siempre usando el sentido común, y haber abierto camino para que las compañeras que vengan detrás lo tengan más fácil. Somos un puente entre el miedo y la denuncia, y entre el problema y la solución.

¿Qué buenos recuerdos se lleva de su paso por la Policía?

Hay muchos recuerdos buenos, que superan a los malos. Son recuerdos que no te quita nadie, de los que te hacen sonreír cuando piensas en ellos: las personas a las que ayudé, alguien que te agarra la mano y te da las gracias, conflictos resueltos de forma amistosa… También las risas con los compañeros y el verdadero compañerismo, ese que solo se entiende estando dentro. Son tantos que no pararía de mencionarlos.

¿De qué servicios guarda peor recuerdo?

Todos tenemos algún servicio que se queda en la memoria: accidentes con menores, suicidios o tener que comunicar una mala noticia a una familia. Te vas a casa y no dejas de pensar en ello, porque dentro del uniforme hay una persona con sentimientos. A veces llegas y ya no se puede hacer nada. Uno de los casos que más me impactó fue el de un joven que había sufrido un accidente de moto. Estábamos esperando la ambulancia; él estaba consciente, pero no paraba de temblar. Le di la mano y hablamos hasta que llegó la ambulancia. Nos despedimos, él agradeciéndome la atención y yo deseándole una pronta recuperación. Al día siguiente, un familiar vino a agradecerme la atención y me comunicó que había fallecido por las lesiones internas. No podía creerlo al recordar cómo nos habíamos despedido.

¿Se arrepiente de haber escogido ser policía local?

No me arrepiento en absoluto. Es un honor dedicarte a lo que te gusta: por la gente, por la mujer que ahora vive sin miedo, por el abuelo al que devolvimos a casa. Cuando una niña se te acerca y te dice “yo de mayor quiero ser como tú”, entonces piensas que ha merecido la pena. Por el orgullo de ponerme el uniforme y saber que representa algo bueno.

Después de tantos años de servicio, ¿qué balance hace de Marratxí?

He sido policía de Marratxí durante treinta y cuatro años y, si miro atrás, solo puedo dar las gracias. Me han tratado como a una más desde el principio. He crecido aquí, he trabajado aquí y me he sentido muy querida. Me voy contenta y orgullosa, con la satisfacción de saber que el respeto no se impone, sino que se gana. Y creo que no he trabajado en el pueblo, sino para su gente.

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