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Aniversario

Carmen Rodríguez Novoa cumple 103 años en la residencia de Sóller y se convierte en la más longeva del centro

Nacida en una aldea gallega en 1923, se trasladó a Mallorca tras cumplir los 100 años para compartir estancia con su amiga más cercana

Carmen Rodríguez Novoa, con sus allegados.

Carmen Rodríguez Novoa, con sus allegados. / J. Mora

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Sóller

La residencia Fontsana Sóller ha conmemorado recientemente el 103 aniversario de Carmen Rodríguez Novoa, quien actualmente ostenta el título de residente más longeva del centro. La celebración, que tuvo lugar en un ambiente de calidez familiar, reunió a sus allegados para homenajear una trayectoria vital marcada por la resiliencia y la dedicación personal.

Nacida el 17 de abril de 1923 en la aldea gallega de Paradela, Orense, Rodríguez Novoa se trasladó a la residencia de Sóller tras cumplir los 100 años. Su elección por este centro estuvo motivada por el deseo de compartir estancia con su amiga cercana, Alicia Otero. Desde su ingreso, se ha integrado plenamente en la comunidad residencial, aportando una vitalidad que sus cuidadores y familiares destacan de manera constante.

La biografía de Carmen Rodríguez es el testimonio de una generación que enfrentó importantes desafíos históricos y personales. Tras perder a su madre a los 15 años, asumió la responsabilidad de cuidar a sus hermanas menores en un entorno rural. A pesar de las limitadas oportunidades de escolarización de la época, desarrolló de forma autónoma habilidades de lectura y cálculo, manteniendo una pasión por los libros que conservó activa hasta los 98 años. En el ámbito personal, enviudó de forma prematura a los 35 años tras el fallecimiento de su esposo, fotógrafo de profesión, en un accidente laboral.

La residente más longeva de Sóller, con algunos de sus familiares.

La residente más longeva de Sóller, con algunos de sus familiares. / J. Mora

Su vinculación con Mallorca se remonta a 1970, año en el que se trasladó a la isla para reunirse con su hija, Preci. Durante décadas, desempeñó un papel fundamental en la estructura familiar como cuidadora de sus nietos, siendo descrita por sus allegados como una figura de autoridad moral y bondad incondicional. Su hija subraya que su carácter justo y su búsqueda del bienestar común la habrían facultado incluso para altas responsabilidades públicas.

Expertos y familiares coinciden en que el secreto de su excepcional longevidad reside en una combinación de factores: una actitud vital positiva, el hábito constante de la lectura y una disciplina alimentaria rigurosa. Bajo la premisa de "comer para vivir y no vivir para comer", Carmen ha mantenido una salud robusta y una notable capacidad de adaptación a las diferentes etapas de su vida. A sus 103 años, continúa siendo un ejemplo de fortaleza silenciosa y el eje central de su familia.

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