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Celebración

Sóller transforma su historia en emoción colectiva con el Firó

La recreación de la defensa de la localidad mallorquina frente a un ataque corsario en 1561 se consolida como un símbolo de identidad local

VÍDEO | Cuando la historia se hace presente

Manu Mielniezuk

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Cada segundo lunes de mayo, Sóller se transforma. Las calles dejan atrás el ritmo cotidiano y se convierten en el escenario de una representación que mezcla historia, emoción y sentimiento de pertenencia.

El Firó no es únicamente una fiesta popular; es la recreación de uno de los episodios más recordados del valle: la defensa de la localidad frente al ataque corsario de 1561, un episodio que con el paso de los siglos ha acabado convirtiéndose en el gran símbolo identitario de los sollerics.

La edición de este año volvió a congregar a miles de personas entre vecinos y visitantes en una jornada marcada por la pólvora y las batallas que culminaron en la plaza de la Constitución. Allí, el capità Angelats volvió a imponerse al invasor en medio de una plaza abarrotada que siguió con intensidad el desenlace de una historia conocida, pero que nunca pierde capacidad de emocionar.

Aunque el Firó recrea unos hechos concretos del siglo XVI, la fiesta actual es fruto de una tradición consolidada durante décadas. Fue a comienzos del siglo XX cuando empezó a tomar la forma de representación popular que hoy se conoce y, desde entonces, ha evolucionado hasta convertirse en uno de los eventos más multitudinarios y emblemáticos de Mallorca.

Actos solemnes

La jornada arrancó con los actos solemnes y la tradicional ofrenda floral ante el monumento a los Héroes del Onze de Maig. Posteriormente, la atención se trasladó a Can Tamany, donde se recordó el papel de las Valentes Dones, figuras imprescindibles dentro del relato histórico y festivo.

Este año, Silvia Arbona y Lina Sampol fueron las encargadas de encarnar a Catalina y Francisca Casasnovas, las hermanas que, según la tradición popular, lograron repeler a varios corsarios que intentaban acceder a su vivienda armadas únicamente con una barra de madera.

El desembarco de las tropas sarracenas volvió a ser uno de los momentos más esperados del día. La playa de Can Generós sirvió de escenario para la llegada de los moros, entre disparos, humo y gritos de guerra, antes de que las distintas escaramuzas avanzaran hacia la playa de Can Repic, el Pont d’en Barona y finalmente el centro de la ciudad.

La pólvora volvió a desempeñar un papel protagonista en la representación. Para esta edición se autorizaron 25 trabucos y espingardas, además del uso de 24 kilos de pólvora negra y abundante material pirotécnico entre petardos y efectos sonoros que acompañaron el desarrollo de las batallas.

Seguridad del Firó

El Firó también volvió a poner a prueba la capacidad organizativa del municipio. El dispositivo de seguridad movilizó a un total de 160 efectivos. La Guàrdia Civil desplegó 35 agentes y la Policía Local de Sóller aportó otros 25, reforzados por agentes llegados desde otros municipios de Mallorca. Participaron además policías de Inca, Pollença, Campos, Selva, Bunyola, Deià y Fornalutx.

El operativo se completó con 36 efectivos de seguridad privada, 30 voluntarios de Protecció Civil, dotaciones de Bombers de Mallorca y ambulancias distribuidas en distintos puntos del recorrido.

Más allá del espectáculo, el Firó volvió a demostrar que sigue siendo un poderoso ejercicio de memoria colectiva. En una ciudad marcada por la presión turística y los cambios constantes, la fiesta actúa cada año como un recordatorio de identidad compartida. Durante unas horas, Sóller se reconoce a sí mismo entre el estruendo de los trabucos, los trajes de época y el eco de una historia que el valle se niega a olvidar.

Cuando la batalla terminó y la plaza celebró una nueva victoria de los sollerics, no solo concluía una representación histórica. También se reafirmaba una tradición que, generación tras generación, continúa siendo uno de los principales símbolos de orgullo y cohesión del pueblo de Sóller.

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