PESCA
Vanesa y Valeria Caponero, pescadoras profesionales en Cala Rajada: “En el mar cuenta la persona, no el género”
Las hermanas argentinas, únicas marineras profesionales del puerto de Cala Rajada, ejercen el oficio desde el respeto y con la convicción de que “el mar es un aprendizaje constante”

Las hermanas Caponero posan para este reportaje en el puerto de Cala Rajada. / Biel Capó

Vanesa y Valeria Caponero son dos mujeres nacidas en Mar del Plata, Argentina, a quienes el turismo llevó hasta Mallorca. La primera en llegar fue Valeria, que con 22 años viajó con mochila a la isla acompañada de una amiga. Quedó tan maravillada que decidió prolongar su estancia hasta tres meses. Durante los años siguientes viajó cada temporada a Mallorca, hasta que conoció al amor de su vida, Jaume Cuart, pescador profesional del puerto de Cala Rajada. De la mano de quien hoy es su esposo, subió por primera vez a una embarcación. Al comprobar que no se mareaba y que aquel mundo le apasionaba cada vez más, decidió realizar varios cursos de marinería, tanto de formación básica como de marinera pescadora, para adentrarse en el mundo de la pesca profesional. En 2005 completó sus estudios y, durante la entrega de la titulación, la capitana la felicitó también porque en aquel momento no existía en las islas ninguna mujer titulada que se dedicase a la pesca profesional; solo las había en el ámbito del turismo de recreo.

Las hermanas en su embarcación en Cala Rajada. / Biel Capó
Por otro lado, Vanesa conoció al patrón, hoy su cuñado, Jaume Cuart, durante un viaje que este hizo a Mar del Plata con su hermana. Ella trabajaba como carpintera en el negocio de su padre, mientras que su pareja lo hacía en el mundo del textil. Jaume le ofreció probar el oficio de pescador, por lo que viajaron juntos a Cala Rajada. Así fue, pero después de una semana de mal tiempo, él decidió abandonar al ver que aquel no era su mundo. Eso permitió a Vanesa, que nunca había trabajado en el mar, probar el oficio. A ella, en cambio, aquel mundo la maravilló. “En cierto modo fue por el carácter de mi cuñado, por el aprendizaje que me transmitió, por su forma de trabajar, por el respeto… Aprendí un montón”, reconoce Vanesa.
Seguidamente, siguió los pasos de su hermana, se formó con los cursos correspondientes y en 2008 consiguió su título de marinera profesional. Empezó a trabajar en el Vima, la embarcación gabellina en la que trabaja su hermana y que patronea su cuñado, convirtiéndose ambas en las únicas marineras profesionales que tiene actualmente el puerto de Cala Rajada.
“El mar es un aprendizaje constante"
Después de veinte años de oficio, si se les pregunta por qué decidieron dejar lo que tenían para adentrarse en un trabajo desconocido y en otro país, la respuesta es casi unánime. “El mar es un aprendizaje constante. Me ha permitido descubrirme a mí misma en lo personal, hace que tu cabeza se disperse y te lleva a tener otro razonamiento”, asegura Vanesa. Valeria lo resume así: “Lo bonito que tiene el mar es vivir una aventura conviviendo con la naturaleza”.
En ellas destaca su pasión por el medio ambiente en general, y por el marino en particular, así como su estima hacia los muchos hombres marineros con quienes han compartido charlas y aprendizajes en el muelle de Cala Rajada.
“Este puerto es fantástico. Los mismos marineros y pescadores nos abrieron las puertas y hoy lo siento como mi segundo hogar. Nunca sentí esa diferencia entre mujer y hombre, sino respeto. Nos han tratado como compañeras o colegas. Todos compartimos lo mismo: amamos el mar y también lo cuidamos mucho, porque es nuestra primera casa más que la segunda, ya que vivimos en el mar más horas que en nuestra propia casa”, esgrimen.

Las hermanas en la embarcación 'Vima' en Cala Rajada. / Biel Capó
Conciliación
Hace quince años, Valeria fue madre por primera vez. Reconoce que la ayuda de la familia fue clave, ya que permitió que su esposo y su hermana siguieran haciéndose a la mar, mientras ella permanecía en tierra para cuidar a su primera hija, a la que seguiría una segunda años después.
No es fácil compaginar la labor de madre con un trabajo tan duro como el suyo. Dependiendo de la época del año y del arte de pesca que practiquen según la temporada, su labor las mantiene ocupadas una media de doce horas diarias.
Aun así, durante los años pasados en tierra por la maternidad, Vanesa asegura que mantenía intacto el anhelo de salir a pescar. “Es el enganche que tenemos, el de estar conviviendo con la naturaleza, ver amaneceres y atardeceres preciosos, disfrutar de la fauna marina, delfines, rorcuales, tortugas…”.
Esa etapa en tierra firme también le permitió, entre otras cosas, atender el punto de venta que tenía la cofradía de pescadores de Cala Rajada, donde se vendía el pescado fresco que llegaba de las barcas y que la pandemia obligó a cerrar, sin que de momento se haya vuelto a abrir.
Labor educativa
Ellas también realizan labores educativas, ya sea durante las visitas que hacen los escolares del municipio a las barcas de pesca, donde les explican de dónde provienen los peces y cómo es la sacrificada labor que realizan los pescadores en el arte de la pesca.
Recuerdan cómo en una ocasión capturaron un pez que no se había desarrollado del todo a causa de una anilla de lata lanzada al mar. Vanesa, con el ejemplar en la mano, explicó a los jóvenes alumnos del instituto el daño que provocan los vertidos en el ecosistema marino.
Con ellos mantiene alguna que otra clase educativa, en la que comparte sus vivencias, sobre todo en relación con el rescate de tortugas afectadas principalmente por la ingesta de plásticos. Les explica el protocolo, desde la llamada al 112 hasta la llegada de los técnicos de Palma Aquarium al puerto para recogerlas, tratarlas y, si sobreviven, devolverlas a su entorno marino.
Ahora, con las hijas de Valeria ya adolescentes, las dos hermanas pueden compaginar las tareas de tierra con las de la mar. Si una sale a pescar, la otra se encarga de las niñas. Aunque eso suponga levantarse de madrugada para preparar sus comidas y todo lo necesario para la jornada de pesca: cebos, utensilios, ingredientes para la comida, bebida y demás enseres. Después cocinarán y comerán dentro de la barca, donde pasarán muchas horas hasta llegar a puerto y descargar las capturas, que irán a la lonja de Palma.
Cada temporada tiene su arte de pesca. Actualmente están inmersas en la pesca del atún, una de las que más trabajo les lleva, pero aseguran que les apasiona. Lo mismo ocurre con la pesca de la llampuga, aunque esta, como esgrime Vanesa, “es como las vacaciones”, al no conllevar tantas horas de trabajo.
Esta pasión por la naturaleza las impregnó desde su llegada al Mare Nostrum, con unos valores que han practicado y conservado, en parte gracias a la familia que han encontrado en el puerto gabellí.
“El género no importa. En realidad, lo que importa es la persona y, siempre desde el respeto, puedes llegar a lograr tus sueños"
“El género no importa. En realidad, lo que importa es la persona y, siempre desde el respeto, puedes llegar a lograr tus sueños. Yo jamás pensé que me llegaría a gustar el mar y es algo que me apasiona. No somos ricos, pero tenemos la calidad de vida de poder hacer lo que nos gusta. Nunca pensé que iba a encontrar mi sitio tan lejos. Me siento mitad mallorquina; ya tengo más vida aquí que en el lugar del que venía. Me siento más del Mediterráneo que del Atlántico. Cuando llegué tuve la sensación de trabajar en un documental: lo que aquí veía y vivía solo lo había visto antes en documentales”, expresan orgullosas.
Pero otra parte importante de su historia ha sido su patrón. “Hemos aprendido de un gran maestro, que es Jaume. Hemos aprendido todo lo que sabemos de él, y también de su forma de ser, que es muy abierta. Salir a pescar es toda una aventura: tienes que prepararte y saber muchas cosas. Con Jaume tenemos un maestro que nos enseña cada día”.
"Mi meta sigue siendo el mar y no lo cambio por nada”
A pesar de que el futuro para un trabajador del sector primario, como es el de la mar, resulta cada vez más incierto por muchas causas, sin olvidar el cambio climático y su impacto en las capturas, su esperanza es poder seguir trabajando en el mar. Así lo manifiesta Valeria: “Yo tengo la esperanza de que, cuando mi marido se jubile, pueda seguir. Mi meta sigue siendo el mar y no lo cambio por nada”.
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