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Joan Bestard, joven marger en Mallorca: «Trabajé cuatro meses delante de un ordenador y dije: ‘nunca más’»

Después de estudiar una carrera y descubrir que el trabajo contemporáneo no era lo suyo, el joven esporlerí encontró en el noble y milenario oficio de marger una alternativa

«No sobran margers en Mallorca; cada vez hay menos y los que quedan son mayores»

El esporlerí Joan Bestard empezó a trabajar de marger hace cuatro años.

El esporlerí Joan Bestard empezó a trabajar de marger hace cuatro años. / Luana C.L.

Pere Morell

Pere Morell

Palma

«Trabajé cuatro meses delante de un ordenador y dije: ‘nunca más’». Pasar ocho horas en una oficina cerrada puede volver loco a cualquier alma libre, y Joan Bestard (Esporles, 1998) no es una excepción. Después de estudiar una carrera y descubrir que el trabajo contemporáneo no era lo suyo, el joven encontró en el noble y milenario oficio de marger una alternativa.

El esporlerí estudió Sociología y luego trabajó en una cooperativa, donde conoció a la mayoría de payeses de Esporles. «Estaba trabajando en una finca del pueblo cuando un mestre marger me dijo: ‘Venga, chaval, ven conmigo, que te voy a enseñar mi oficio’», relata Bestard. De aquello ya han pasado cuatro años.

Casualidades de la vida, el esporlerí recibe a este diario en la misma finca donde empezó todo, ya que ha sido contratado para arreglar un marge. «Es un oficio muy duro, pero siempre estoy en lugares privilegiados: casi siempre veo el mar y la montaña», explica Bestard.

La demanda en esta profesión es muy alta. «Si tú quieres ser marger, mañana mismo vienes y te empiezo a enseñar», le ofrece Joan Bestard a este diario, completamente en serio. «No sobran margers en Mallorca; cada vez hay menos y los que quedan son mayores», asegura.

Tras el cierre de las escuelas, solo se ofrecen algunos cursos de pocos días por parte del Consell. Las otras opciones para aprender el oficio de marger son el Manual del marger, de Francesc Xavier Solé, o empezar como peón junto a un maestro que enseñe mientras se trabaja. La disponibilidad de los mestres margers para enseñar suele ser plena, ya que no encuentran a nadie que pueda ayudarles de forma constante en sus obras.

«Voy loco por encontrar a alguien que venga a trabajar conmigo y poder enseñarle. Ahora, estos días, vendrán a ayudarme algunos amigos, pero no se dedicarán por completo ni se convertirán en expertos. Si existiera una formación profesional o se reabrieran las escuelas, los jóvenes que salieran seguro que tendrían trabajo», explica Bestard.

Falta de formación reglada en los jóvenes margers

Lluc Mir, el presidente del Gremio de Margers, explica que la falta de formación reglada está lastrando el futuro del oficio. «Nos tenemos que conformar con cursos de pocos días, de los que sale gente, pero es algo simbólico», señala. El presidente del gremio recuerda que las antiguas escuelas de margers, activas desde finales de los años 80 hasta la primera década de los 2000, funcionaban con buenos resultados. «De cada diez alumnos, seis acababan trabajando con un maestro. Eso garantizaba el relevo generacional y una formación sólida», explica.

Sin embargo, el marger lamenta que el sector lleve más de quince años sin ese relevo. «Se está perdiendo. Cada año pedimos que vuelvan las escuelas y no obtenemos respuesta».

«La administración tiene que implicarse y reabrir las escuelas de marger. Hay muchísimo trabajo y no encontramos jóvenes formados», advierte Mir. «El día que no queden profesionales veremos qué pasa. En cualquier otro sitio los marges serían una joya. Aquí parece que la Tramuntana sí lo es, pero nosotros no tanto», sentencia.

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