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Vallas y gente hasta donde el mar permite

En la imagen se observa la valla que cierra el perímetro de la finca.

En la imagen se observa la valla que cierra el perímetro de la finca. / GOB

Llorenç Riera

Llorenç Riera

El excursionismo, en su propio concepto y práctica, es una actividad amable mientras se realice en sintonía con la naturaleza de la que se disfruta. Los problemas vienen cuando, como en casi todo, se pierde el sentido de la proporción. Los guías de senderismo que recorren el itinerario entre Colònia de Sant Jordi y Es Carbó deben acompasar el paso a la presión humana que castiga la zona porque, de lo contrario, los grupos se pisan los talones unos a otros. La misma proliferación de excursionistas fue el argumento esgrimido, ya en junio de 2024, por la propiedad de s’Estalella para vallar la finca. Se hizo, en consonancia con todas las instituciones, desde el Ayuntamiento de Llucmajor al Gobierno, bajo promesa de garantizar el paso y teniendo en cuenta el amplio catálogo de figuras de protección natural que benefician la extensión que va desde el Racó de s’Arena, en s’Estanyol hasta el Pas de Vallgornera.

Sin embargo, el GOB denuncia ahora que el camino está cerrado. Se han instalado palos de madera y valla cinegética sobre bases de cemento y hormigón. El vallado obliga a los abundantes viandantes a transitar sobre las rocas, lo cual lleva consigo una sórdida agresión a las especies vegetales de una singularidad que han valido al área, entre Cap Enderrocat y Cap Blanc, la declaración de Lugar de Importancia Comunitaria. Lo más urgente, ahora mismo, es comprobar si se mantienen las exigencias de este reconocimiento. Por supuesto, también recuperar el uso de los caminos públicos de la zona, pero esa ya es ardua tarea rutinaria en el conjunto de Mallorca.

Los episodios de s’Estalella son el mismo reflejo de cómo ha evolucionado el comportamiento en relación al medio natural. En la pasada década de los 90, cuando el proyecto de una central eléctrica se asomaba a la finca, la propiedad arrimó el hombro con la movilización social que acabó impidiéndola. Mantener «el objetivo de preservar la naturaleza y no impedir el paso de la gente» hizo que el GOB le concediera entonces el premio Alzina. Hoy la misma entidad ecologista clama porque se han cerrado los caminos y se martiriza a las plantas.

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