El cura de Santa Ponça modificará el sonido de las campanas para suavizar el ruido
El sacerdote Carlos Fuentes, que desconocía las quejas de los vecinos, ordenó paralizar el campanario

Juan Luis Iglesias
El campanario de la iglesia de Santa Ponça permanecerá cerrado los próximos días, hasta que un técnico no realice un nuevo ajuste del repique para suavizar el ruido de las campanas, que ha motivado la intervención del Defensor del Pueblo, tras la queja presentada por los vecinos.
El sacerdote de esta iglesia, Carlos Fuentes, que se hizo cargo hace dos años de este templo, aseguró ayer que no tenía el más mínimo conocimiento sobre las quejas que suscitaba el nivel de ruido de las campanas, ya que ningún vecino le había comentado este tema. Sin embargo, Fuentes ha querido terminar de inmediato con esta polémica, sobre todo a raíz del consejo lanzado por el propio Defensor del Pueblo, Ángel Gabilondo, y ha decidido suavizar el nivel de ruido del repique de las campanas, que supera con creces los límites que establece el reglamento municipal. Las pruebas de sonido que se han realizado, precisamente a raíz de la denuncia de un vecino y que han sido remitidas a Gabilondo, demuestra que el golpeo de las campanas alcanzó un nivel de sonido de 80 decibelios, si bien es cierto que la duración del repique no es muy largo.
El sacerdote quiso dejar claro que la iglesia no necesita utilizar las campanas para llamar a los fieles, ya que asegura que el templo “se llena cada vez que se celebra una misa”. Las campanas tocan tres veces antes de cada ceremonia religiosa, que únicamente se celebran el sábado por la tarde y el domingo por la mañana. La primera misa del domingo es a las diez de la mañana y las siguientes a mediodía, pero la llamada se realiza a las 9.30 horas. Las campanas también actúan como un reloj y tocan cada cuarto de hora.
Estas polémicas campanas se instalaron hace ahora 20 años tras la construcción del nuevo campanario. La estructura tiene una altura de 30 metros y el proyecto se llevó a cabo por la iniciativa del entonces sacerdote de Santa Ponça, que aprobó un presupuesto de alrededor de 150 mil euros, aunque en el momento de iniciarse las obras no tenía el suficiente dinero. Si bien existían algunas promesas para recibir subvenciones privadas para pagar el proyectolas, al final este dinero no llegó. Ante esta situación la obra se ha financiado a través de los fondos de la propia iglesia, que proceden de las donaciones de los feligreses.
El salir la noticia en exclusiva en DIARIO de MALLORCA sobre la polémica que había suscitado el elevado ruido de las campanas, el cura Carlos Fuentes contactó de inmediato con el Ayuntamiento de Calvià, que le confirmó que, en efecto, constaba una sola denuncia de un vecino, que la había presentado en el año 2021. El alcalde del municipio le confirmó que el Ayuntamiento está realizando un estudio sobre el nivel de ruido de todos los campanarios de la localidad. La intención del Consistorio, según señaló Fuentes, es impulsar una normativa específica para regular el nivel de ruido máximo permitido en el toque de las campanas.
El religioso, que también se encarga de otras iglesias de Calvià, aseguró que las campanas de Santa Ponça no volverán a sonar hasta que no se resuelva el problema que ha suscitado la queja de los vecinos. El cura se ha puesto en contacto con una empresa especializada en el manejo de estos elementos técnicos y está previsto que realice una comprobación el próximo miércoles. El objetivo es modificar el mecanismo técnico de tal manera que no se golpee con tanta fuerza la campana y así se reducirá el ruido. Es decir, se suavizará el golpeo. Además, también se reducirá el tiempo del repique, que en los días de misa dura casi dos minutos. La intención del sacerdote es que el campanario solo toque durante medio minuto.
Carlos Fuentes aseguró que cumplirá las indicaciones que le marque el Ayuntamiento de Calvià y aseguró que “Dios no quiere molestar a nadie” y mucho menos pretende que el campanario de la iglesia de Santa Ponça sea el motivo de esta queja de los residentes.
El Defensor del Pueblo no puede transmitir ninguna orden a la Iglesia, ni tampoco al Ayuntamiento de Calvià. Solo puede transmitir indicaciones, que en este caso aconsejaban que se limitara el ruido del campanario y se aprobara un decreto que detallara el nivel máximo de decibelios durante el llamamiento a la celebración cristiana.
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