Catalina Bauzá Ribot: “Hace 58 años que cocino caracoles por Sant Marc”
Sineu se convierte en la capital de los caracoles el día de su patrón con los restaurantes y cellers repletos de comensales, mientras en las casas la tradición culinaria sigue más viva que nunca

“Hace 58 años que cocino caracoles por Sant Marc, desde que me casé. Antes los hacía mi madre. Toda la vida hemos comido caracoles por Sant Marc, es una tradición muy nuestra, es el día del patrón de Sineu”. La destellante mirada de Catalina Bauzá Ribot, de 84 años, refleja décadas de sabiduría popular, de una Mallorca rural que está a punto de extinguirse.
En su finca de Son Tei, entre Sineu y Petra, en pleno corazón de la isla, prepara una olla de caracoles, junto a uno de sus hijos, Llorenç. “Cada año los cocinamos. Si no tenemos caracoles, pues los compramos. Estos de hoy los fue a buscar mi hijo Toni. Yo antes también iba a buscar, pero mis piernas ya no aguantan. Mi hijo aprovechó una mañana que llovió y por la noche trajo diez kilos. Son de por aquí, de los alrededores de Sineu. Estos caracoles son bien sineuers”, exclama, soltando una carcajada.
“Toda la vida hemos hecho caracoles por Sant Marc. Normalmente siempre los he cocinado yo, pero ahora Llorenç también los guisa. Es mejor cocinero que yo”, asegura Catalina en la cocina de la casa.
“Hay que hervirlos con hierbas y con un sofrito de sopas, con grells, tomate y perejil”, apunta la mujer. “Los tomates mejor que sean de ramallet, tienen otro sabor”, especifica su hijo, Llorenç Bauzá, de 56 años.
“Yo los tengo hirviendo una hora y medida o dos horas y también le echo a la olla una buena cucharada de allioli. El allioli lo hago con patata, ajo, huevo y aceite y utilizo el caldo de los caracoles”, detalla Catalina.
Antes de prepararlos, cuando aún están vivos “les doy lechuga”. El día que los tiene que hervir, les pone harina para purgarlos. “Después de purgarlos, los limpio un par de veces o tres. Luego, hay que matarlos. Cuando tienen los cuernos fuera, los pongo a fuego lento, poco a poco. Después hay que dejarlos hervir”, explica la vecina de Sineu.
“A mis nietos no les gustan, pero al resto de la familia sí, a todos. El dicho popular dice que qui menja caragols per Sant Marc no està tocat de tot l’any. Esto lo dicen, pero yo de esto me río. Conozco algunos que han comido y luego a lo largo del año han fallecido”, comenta con ironía.
Con la mesa a punto
En otra de las casas de Sineu, Joana García, de 78 años, ya tiene la mesa preparada para parte de su familia. “Cocino caracoles desde que me casé, desde hace 52 años. Antes los hacía la padrina. Siempre los hacemos por Sant Marc, es una tradición”, apunta, mientras remueve una olla en la cocina.
“Estos caracoles los fui a buscar yo a foravila. El lunes pasado los fui a coger. Son de aquí. En casa a todos nos gustan. A mis nietas les encantan”, confirma.
El allioli también está a punto. “Es de patata, pongo las patatas a hervir con los caracoles. Luego lo hago con ajo, huevos y aceite”, añade.
“Para hacer los caracoles, como este año tenía un jamón de las fiestas, pues he puesto un trozo del hueso del jamón en la olla a hervir. Para cocinarlos hay que hacer un buen sofrito con ajo, perejil, cebolla, tomate. Y después muchas hierbas: hierba sana, hinojo, moraduix, hoja de naranjo… Y también les pongo pebre coent”, remarca Joana.
En otro domicilio del municipio, Joan Ramon Rodríguez, de 43 años, demuestra sus habilidades culinarias. “Empecé ayer por la tarde a cocinarlos. Estos caracoles son comprados, ya vienen limpios, llevan un hervor. Los he tenido una hora y media hirviendo para limpiarlos bien. Tiré toda el agua y luego los he vuelto a poner a hervir con todas las hierbas: hinojo, laurel, hierba sana, pebre coent… Estos no llevan sofrito, solo están hervidos con hierbas. Los he tenido tres horas y media hirviendo. Compré nueve kilos de caracoles”, indica.
“Ya llevo tres años que los hago yo por Sant Marc. Antes comprábamos raciones en el restaurante o íbamos a casa de mi madre que ella los cocina muy bien, ella sí que los hace con sofrito”, recuerda Rodríguez.
Mientras tanto, los cellers y restaurantes del municipio están repletos de comensales. La jornada primaveral de ayer fue un éxito.
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