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Vuelven los fondeos sin control en el Port de Sóller
Muchas embarcaciones se encuentran sobre la pradera de posidonia y causan daños irreversibles a esta planta de elevado valor ecológico

Numerosas embarcaciones permanecen fondeadas de forma irregular en el puerto de Sóller. / J. Mora
La llegada del buen tiempo y las temperaturas suaves han vuelto a poner de manifiesto una problemática crónica en la bahía del Port de Sóller: la proliferación de embarcaciones fondeadas de forma irregular.
Estos días, la imagen de la bahía con numerosos botes y yates no es solo una estampa veraniega, sino el reflejo de una actividad que carece de autorización administrativa. Muchas de estas embarcaciones se encuentran situadas directamente sobre la pradera de posidonia oceánica, una especie protegida de alto valor ecológico que sufre una degradación irreversible a causa del impacto de las anclas y las cadenas en un espacio donde el fondeo está prohibido.
Esta situación se repite cíclicamente cada año y tiene su origen principal en la falta de alternativas para amarrar, almacenar o mantener estas embarcaciones. La carencia de infraestructuras adecuadas empuja a muchos propietarios a dejar sus barcas en el mar durante toda la temporada de forma descontrolada, algo que genera preocupación por el daño que genera al fondo marino.

Los fondeos ilegales son un problema crónico de los veranos de Sóller. / J. Mora
No obstante, el conflicto no se limita exclusivamente al entorno marino, sino que ha regresado también peligrosamente hacia la red viaria terrestre, afectando a la convivencia y la seguridad. La proliferación de estas barcas ha tenido un efecto secundario visible en la carretera del desvío de Sóller, donde se ha detectado un incremento notable de remolques estacionados de manera irregular en los arcenes de la vía.
Muchos titulares de estas embarcaciones, una vez han botado la barca al agua, abandonan sus remolques en los arcenes de esta vía, una práctica que ya ha generado protestas vecinales.
Los residentes y usuarios de la carretera denuncian que estos elementos suponen un riesgo para la seguridad vial, ya que dificultan la visibilidad e invaden espacios destinados a los peatones, convirtiendo un trayecto rutinario en una yincana peligrosa tanto para los coches como para las personas que transitan a pie por la carretera.
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