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Lletra menuda

Sospechas entre hechos consumados

Imagen de la sede principal de S'Esplet en sa Pobla.

Imagen de la sede principal de S'Esplet en sa Pobla. / Tonina Crespí

Llorenç Riera

Llorenç Riera

Si, como afirma Més, el mantenimiento y liquidación de s’Esplet es el resultado intencionado «de un proceso sostenido en el tiempo», surge un interrogante añadido al presunto «pelotazo» en vías de consumación.

Es el de saber porqué, si el fin irreversible se veía venir de forma tan diáfana, nadie ha hecho nada eficaz para interceptarlo en defensa de la inversión pública y de los pilares que deben sostener y dar sentido a una sociedad agraria.

Tal como se describen los hechos, pesan sobre el declive de s’Esplet demasiadas sospechas de intervención interesada o, si se quiere, faltan explicaciones objetivas de lo ocurrido.

Unos no han reaccionado a tiempo y otros no han querido o no han podido justificarse en el momento de las decisiones clave, con lo cual, cualquier cosa que se haga a parir de ahora, resultará estéril para reactivar a la distribuidora de patatas de sa Pobla. Solo será testimonial.

Sin embargo, estas políticas de hechos consumados no impiden, si se da el caso, que se diriman responsabilidades referentes a posibles malas praxis interesadas.

S’Esplet no puede quedar enterrada sobre un vertido de sospechas. Merece una memoria más digna.

Més apunta directamente al director general de Agricultura, Fernando Fernández reclamándole una dimisión que no tiene visos de ser atendida a no ser que surjan en los próximos días evidencias desconocidas o elementos de presión válidos.

Por otro lado, no es cuestión menor que Lluís Apesteguía pida amparo a la abogacía de la Comunidad para descifrar los vínculos personales y profesionales, en el ámbito privado, entre el conseller Joan Simonet y el a la vez gerente de s’Esplet y presidente de Asaja, Joan Company. En tiempos de especulación y negocio al alza no tiene sentido que el Govern vendiera en 2023 sus participaciones en la sociedad agraria a mitad de precio.

El proceso seguido no es compatible con un desarrollo lógico de mercado, por tanto, faltan unas explicaciones que debían haberse dado hace tiempo en beneficio de la transparencia y defensa de lo público. Por contra, solo sabemos ahora de dos apetecibles fincas, una industrial y otra rústica, que han sido puestas en rápida venta.

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