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Lletra menuda

Escenificación de falsas promesas y apatías

Damm se hizo con Agama para sacarla a flote y dar salida a la producción de leche mallorquina.

Damm se hizo con Agama para sacarla a flote y dar salida a la producción de leche mallorquina.

Llorenç Riera

Llorenç Riera

Damm se hizo con Agama para sacarla a flote y dar salida a la producción de leche mallorquina. Este era el plan de saneamiento, nunca concretado de forma suficiente, pero, según autodiagnóstico amplificado en sede parlamentaria, lo único que ha hecho es poner en ebullición la sangre de Marga Prohens. Peligro, personal y colectivo, porque una presidenta con tensión desbocada no solo lleva al extremo su salud física, también pierde capacidad analítica, voluntad de asesoramiento y corrección y por tanto, recursos para encaminar sus decisiones hacia el beneficio público.

El amago de gran perjudicada escenificado ayer por Prohens es el síntoma inequívoco de la crisis de gestión consecuente de la falta de terapia y control preventivo para domesticar al Grupo Damm –175 millones de beneficio– por parte de un Govern de turno que en la pasada legislatura ya vendió su participación en s’Esplet, ahora en avanzada fase de liquidación y cierre. Aquí no hay más dolencias graves que las que aquejan a la agricultura y ganadería de Mallorca. Lo demás, enfermos imaginarios oportunistas, dignos de Moliere, que ni siquiera han sabido contagiarse a conciencia para hacer un diagnóstico certero y procurar un remedio adecuado.

Duele el cierre de Agama mucho más allá de su importante impacto económico. Pesa el golpe sobre el simbolismo de la marca y sus productos insignia. Cuando el conseller Joan Simonet intenta dar un doble sentido al eslogan de la ausente Damm diciendo que se han llevado el Laccao «muy Mediterráneamente» está haciendo publicidad gratuita y diciendo, aunque sin querer, que su conselleria ha hecho rayas en el mar sobre este asunto. No ha convencido a los productores de leche para hacer una empresa público-privada, no queda más remedio que reclamar subvenciones millonarias concedidas y recalificar asignaciones oficiales. Casi todo era previsible en una Damm que, en general, no ha estado ni ha contestado. El Govern reconoce unos incumplimientos que ha tolerado. No ha habido respuesta a la posibilidad de servir leche a colegios y hoteles. Los ganaderos quedan a expensas de un plan propio todavía sin rostro.

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