Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

INTEGRACIÓN

“Debemos aprender a convivir juntos”, el mensaje que guía el proyecto de la biblioteca de sa Pobla

«En un pueblo con tanta diversidad como sa Pobla debemos aprender a convivir juntos». Son palabras de Halima que junto a Fatima, Zhor y Sana han ayudado a la bibliotecaria de sa Pobla, Malena Tugores, a convertir Es Rafal es un espacio de convivencia, igualdad y cohesión social

VÍDEO | La biblioteca de Sa Pobla, una herramienta de integración

Biel Capó

Rosa Ferriol

Rosa Ferriol

Sa Pobla

La biblioteca Es Rafal de Sa Pobla es mucho más que un espacio de lectura. Es un espacio de aprendizaje y de inserción social. Ese convencimiento fue el motor de un proyecto que arrancó en mayo de 2021 con el objetivo de «promover la convivencia, la igualdad y la cohesión social». Para lograrlo, la bibliotecaria Malena Tugores contó con la implicación de cuatro jóvenes: Fatima El Otmani, Zhor y Halima El Karchaqui y Sana Ibbich. Su papel fue clave ya que mediaron para mantener el orden, dieron apoyo a talleres y tendieron puentes entre comunidades. De actividades con asistentes únicamente autóctonos se pasó a un público mucho más diverso, y ese impulso se contagió a otras personas como la gente mayor. «De un centro con tensiones [durante un tiempo necesitó incluso un guardia de seguridad] se ha pasado a una comunidad participativa con un antes y un después marcado por estas cuatro jóvenes mediadoras. Mi papel como bibliotecaria es empoderar al usuario», resume Tugores.

Sana, Halima y Malena posan para este reportaje en la biblioteca.

Sana, Halima y Malena posan para este reportaje en la biblioteca. / R.F.

Halima El Karchaqui tiene 24 años y se refiere a la biblioteca como un punto de inflexión personal y colectivo. «La biblioteca me ha supuesto un gran crecimiento a nivel personal, académico y en todos los aspectos», asegura. Llegó al pueblo con cinco años y, aunque nació en Marruecos, su identidad está profundamente arraigada: «Soy poblera», confiesa, riéndose. Actualmente estudia tercero de Pedagogía en la UIB. Recuerda que fue en la época del instituto cuando empezó a utilizar la biblioteca, eso sí, el ambiente que describe de aquellos tiempos era completamente distinto. «Tenían un guardia de seguridad porque siempre había conflictos». Con la llegada de Malena Tugores, comenzó otra etapa. «Los viernes salíamos a tomar algo en sa plaça». Fue en ese clima donde nació el proyecto: «Nos dijo a las cuatro que la situación tenía que cambiar porque no le gustaba lo que estaba ocurriendo en la biblioteca».

"Gracias a la biblioteca, he podido tener mi propia voz"

Halima El Karchaqui

— Mediadora y usuaria de la biblioteca de sa Pobla

Espacio para socializar

Si Halima conoció la biblioteca por el instituto, Sana Ibbich la descubrió desde casa. «Conocí la biblioteca gracias a mi madre. Me dijo: mira esta puerta porque a partir de ahora será tu lugar donde podrás recurrir a leer libros, conocer gente y a socializar». Sana nació en Mallorca, en 2005. Hoy, con 20 años, estudia segundo de Derecho en la UIB. «Gracias a la biblioteca de sa Pobla hemos podido crecer a nivel personal y académico, socializar, promover el ocio y la interculturalidad». También, como Halima, recuerda que al principio «había mucha tensión, no te sentías a gusto», pero «poco a poco Malena empezó a promover la diversidad». Halima lo describe con una escena muy concreta: antes las actividades de la biblioteca solo eran para gente del pueblo, pero ellas empezaron a invitar a otras personas como a su hermano y sus primas. Ese gesto tuvo un efecto dominó: «Los niños empezaron a participar». Sana añade que antes había poca participación pero «la gente llama a gente» y se han incorporado perfiles que antes no se sentían parte de la biblioteca: gente magrebí, latina, de la tercera edad y también jóvenes que dejaban los estudios. Halima lo enmarca en una idea de convivencia imprescindible: «En un pueblo con tanta diversidad como sa Pobla debemos aprender a convivir juntos».

Halima El Karchaqui y Sana Ibbich, en el primer piso de la biblioteca.

Halima El Karchaqui y Sana Ibbich, en el primer piso de la biblioteca. / R.F.

Cuando se les pregunta por qué se sienten orgullosas, ambas coinciden en el valor del ejemplo. Halima se mira desde la responsabilidad: «Yo me veo como un ejemplo de una chica de padres inmigrantes dando ejemplo a otros niños y niñas de que ellos también pueden lograr lo que quieren, estudiar y tener una profesión de cualidad». Sana lo expresa desde lo cotidiano: «Estoy muy orgullosa porque hemos podido impulsar a la gente a estudiar y porque los más pequeños han podido coger nuestro ejemplo, creciendo a nivel cultural y socializando». Para Halima, además, la biblioteca cumple una función social directa: «Es una oportunidad para la gente que no tiene ocio». Entre todo lo que aporta la biblioteca, Halima expresa sin rodeos la importancia de Es Rafal en su vida: «He podido tener mi propia voz». Dice que participar en charlas y conferencias para hablar de integración y multiculturalidad le ha dado «habilidades comunicativas», pero lo esencial de todos estos años impulsando el proyecto ha sido «sentirse parte visible del pueblo». Es decir, «poder tener una voz propia en sa Pobla».

Sana y Halima, en la biblioteca Es Rafal.

Sana y Halima posan para este reportaje. / R.F.

Ese reconocimiento también se vive en casa. Halima confiesa que sus padres están muy orgullosos y destaca el impacto que tiene en sus hermanos ya que les ha dejado claro que «ellos también pueden llegar donde nosotras hemos llegado». Sana coincide y añade un dato personal que lo vuelve todavía más significativo: «Soy la única chica de ocho hijos que va a la Universidad» y que además «sale por las noticias porque promueve la diversidad». En su familia, dice, lo ven como «un gran cambio».

«Si no hacen estos cambios, se extinguirán las bibliotecas»

Sana Ibbich

— Mediadora y usuario de la biblioteca de sa Pobla

Halima y Sana coinciden en que el ejemplo de la biblioteca de sa Pobla debería replicarse. «Creemos que el ejemplo de la biblioteca de sa Pobla se debería extrapolar a otros municipios para poder lograr una integración efectiva», señalan. Halima propone herramientas concretas. De hecho, detalla que se pueden cambiar muchas cosas con actividades como, por ejemplo, haciendo bibliotecas humanas porque así la gente se conoce y fomenta la empatía. «La gente se puede poner en la piel del otro y se puede dar cuenta de que hay personas que no nacen con los mismos privilegios». Sana, por su parte, lanza un aviso directo a instituciones: «Si no hacen estos cambios, se extinguirán las bibliotecas». Y explica por qué: «Si no se crean ambientes familiares, cómodos, no vendrán a coger libros, lo verán como un espacio aburrido y cerrado». Así, la biblioteca de Sa Pobla se ha convertido en un espejo de la comunidad, un lugar donde la diversidad se transforma en convivencia. En palabras de Malena Tugores, el logro más importante es que otros usuarios también se han sumado: «Lo más importante de esta iniciativa es sentir que la biblioteca es de todos y para todos». Así, en sa Pobla han demostrado que su biblioteca no solo presta libros, presta oportunidades y una voz propia.

Suscríbete para seguir leyendo

TEMAS

  • Gente
  • convivencia
  • Rafal
  • espacio
  • Libros
  • jóvenes
Tracking Pixel Contents