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Sa Lluna en Sóller es una de las calles comerciales más bonitas de Mallorca: ahora los altos alquileres la están asfixiando

En esta calle cada vez cierran más tiendas tradicionales, en su lugar se expanden cadenas y productos de bajo coste

Sa Lluna en Sóller es una de las calles comerciales más bonitas de Mallorca: ahora los altos alquileres la están asfixiando

Sa Lluna en Sóller es una de las calles comerciales más bonitas de Mallorca: ahora los altos alquileres la están asfixiando / Nele Bendgens

Sarah López

El Carrer de sa Lluna es la arteria principal de la pequeña ciudad de Sóller. Los turistas se detienen ante los escaparates y piensan qué recuerdo meter en la maleta. Pero, sobre todo, son los sollerics quienes hacen aquí sus gestiones cotidianas: el pan de la panadería, un tornillo de la ferretería, una charla rápida en la tienda. Este comercio tradicional sigue formando parte de la identidad de Sóller, aunque su futuro parece cada vez más frágil.

Desde hace años, en esta calle se produce un cambio silencioso. Cada vez que cierra un negocio histórico, desaparece un pedazo de identidad. «Cuando cerremos nosotros, aquí seguro que abrirá un bufé chino», bromea un empleado de la ferretería, dando en el clavo. Solo en 2025 han echado el cierre cinco comercios tradicionales en el Carrer de sa Lluna. ¿Por qué desaparecen librerías, tiendas de ropa o carnicerías? ¿Y qué podría frenar esta muerte del comercio local?

Una tienda como una plaza del pueblo

Desde hace 60 años, Aina Sánchez regenta su estanco y tienda de ultramarinos Can Anita. «El comerciante más antiguo del Carrer de sa Lluna falleció hace poco», cuenta. Así, con 80 años, ella es ahora la propietaria de mayor edad de la calle.

Aina Sánchez abrió su negocio hace 60 años

Aina Sánchez abrió su negocio hace 60 años / Sarah López

Quien entra en su pequeño local se da cuenta enseguida de que no se trata solo de comprar. La gente viene a charlar, a preguntar, a hacer una pausa. Sánchez se sienta en una silla en medio de la tienda y no sabe quién podrá hacerse cargo del negocio algún día. «Mis hijos ya han hecho su vida, y este trabajo también tiene muchos inconvenientes», dice. En seis décadas no ha tenido vacaciones.

Este viernes por la mañana entra Carol Calatayud. Regenta con su hermana una papelería a pocas puertas de distancia. «Anita, estoy tan enfadada», dice, y enseguida aborda el tema que desde hace meses preocupa a los comerciantes: los alquileres. Actualmente se piden 5.000 o 6.000 euros por un local; hace diez años eran unos 1.000 o 1.200. Los propietarios no suelen ser inversores extranjeros, sino sollerics. «Nadie aquí puede permitirse esos alquileres», afirma Calatayud.

Una competencia desigual

Quienes sí pueden asumir estas cantidades son, sobre todo, las cadenas o negocios que trabajan con productos de bajo coste. «Las cadenas se presentan como tiendas mallorquinas», dice Gràcia Andreo, presidenta de la asociación de comerciantes del Carrer de sa Lluna. 42 comercios están afiliados a la entidad; unos 20 no.

Entre los no afiliados hay varias cadenas, como la zapatería Heymo o la perfumería Xarig. Han adquirido pequeños comercios tradicionales y ya están presentes en numerosos puntos de la isla. «No podemos competir con esos precios», afirma Andreo, que dirige una zapatería que pertenece a la familia de su marido desde 1916. Muchas de sus espardenyes están fabricadas en Mallorca.

La consecuencia: donde antes había una carnicería, hoy la cadena Flor de Sal d’Es Trenc vende sal. Los comercios históricos Can Vidaña y Can Seguí, que cerraron en diciembre, han sido alquilados a comerciantes chinos: en Can Vidaña abrirá al inicio de la temporada una tienda de bisutería; en el segundo caso aún no está claro el concepto. La tienda de electrodomésticos Can Seguí había existido durante unos 50 años.

En la antigua carnicería ahora se vende Flor de Sal

En la antigua carnicería ahora se vende Flor de Sal / Sarah López

Muchos de los locales de la calle han estado en manos de familias durante generaciones. En el espacio donde hoy Víctor regenta una joyería, su abuelo abrió en su día una tienda de moda y, más tarde, su padre llevó allí una tienda de recuerdos. La familia siempre fue inquilina.

¿Una despedida?

En la tienda de moda Sa Formigueta la situación se agrava este año. «A partir de agosto, nuestro alquiler subirá de 2.600 a 4.000 euros», dice Laia, de 23 años, que ayuda en el negocio de su madre. Apenas hay alternativas asequibles en la calle. De momento, intentan encontrar una solución con el propietario.

El alquiler de Sa Formigueta casi se duplicará en agosto.

El alquiler de Sa Formigueta casi se duplicará en agosto. / Sarah López

Para Monika Stock, en cambio, la decisión ya está tomada. La neerlandesa, que vive en Mallorca desde hace 20 años, dirige una agencia de gestión de viviendas; su oficina está en el Carrer de sa Lluna. Por 25 metros cuadrados deberá pagar a partir del 1 de junio 2.000 euros en lugar de 1.200. «Tendré que mudarme», dice.

El tiempo que llevan abiertos los comercios en Sóller puede verse en parte en las placas de sus fachadas: plata por 50 años, oro por 100. En ningún otro municipio comparable de Mallorca hay tantas tiendas históricas como aquí.

Pero precisamente esa estructura está tambaleándose. «El 60 % de los comercios que han cerrado en los últimos cinco años en el Carrer de sa Lluna eran negocios familiares», señala Joana Manresa, presidenta de la patronal del comercio Afedeco. Un cambio así no solo supone una pérdida de identidad, sino que a largo plazo también puede afectar al turismo. «Los visitantes buscan la autenticidad de un lugar», afirma. Laia, de Sa Formigueta, lo resume con una comparación: «Sería triste que el Carrer de sa Lluna acabara como el Carrer Sindicat». En esa calle comercial de Palma apenas quedan negocios tradicionales.

Para los residentes, la pérdida es aún mayor. «Son el alma del lugar», dice Manresa. «Espacios vivos de memoria que conectan generaciones».

¿Qué pasará ahora?

Aun así, la portavoz del comercio no pinta un panorama totalmente desesperanzador. Estudios muestran que el 65 % de los compradores preferiría comprar en el comercio local, explica. Campañas que refuercen el consumo de proximidad y destaquen los productos regionales podrían volver a hacer atractivo el comercio también para las generaciones más jóvenes.

También se contemplan incentivos fiscales o subvenciones. Ya existe una iniciativa: «El Govern balear tiene un programa llamado Ibrelleu», explica Manresa. Permite a los propietarios que estén próximos a jubilarse buscar activamente sucesores. «Por desgracia, apenas se promociona y muchos no lo conocen», lamenta.

Pero incluso la mejor búsqueda de relevo encuentra límites si los alquileres siguen disparándose. Quien es propietario de su local lo tiene más fácil. «Para un negocio con ingresos medios, estos alquileres son inasumibles», reconoce Manresa.

Eso lo vive también Marga, que regenta la tienda de moda femenina Somnis con marcas fabricadas en España. Los alquileres suben y los clientes compran menos. De momento puede pagar el local. Si seguirá siendo así cuando su contrato venza dentro de dos años es incierto. «Entonces entregaré las llaves», dice. Como alternativa, vendería su ropa en los mercadillos de la isla.

Marga valora el sentimiento de comunidad en la calle comercial.

Marga valora el sentimiento de comunidad en la calle comercial. / Sarah López

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