Lletra menuda
Se abre la barrera de la gran ‘possessió’

Galmés, en un momento de su intervención / Consell
El embrión anteproyecto de ley de la Serra presentado ayer en Galatzó deja, de entrada, un gran interrogante. En sus postulados, y sobre todo en la interpretación que hacen de ellos sus mentores políticos, no queda muy claro si el Consell en realidad no sabe qué hacer con la cordillera de Tramuntana, o por contra, salta verjas y abre barreras para que en ella todo sea viable e interpretable, incluidos los daños irreversibles que se puedan causar a un medio inigualable que hoy, mayoritariamente, se valora como decorado natural para usos turísticos.
Es poco probable que el Consell consiga del Parlament, en lo que queda de legislatura, la transformación en realidad normativa práctica, una ley pensada para nadar en la ambigüedad y que, de no modificar sus postulados principales en el periodo de alegaciones que ahora se abre, está en disposición de chocar con la tutela internacional que le mantiene la Unesco. Se cuenta con el respaldo de PP y Vox y con toda probabilidad de los propietarios de las grandes possessions de la Serra, porque les abre nuevas expectativas económicas y no precisamente agrícolas ni ganaderas. En tal apuesta está el riesgo principal porque un encadenamiento de intereses particulares difícilmente conforma un interés general.
Cuando Llorenç Galmés, en su promoción de la ley, afirma que «huye de prohibiciones y que se fundamenta en la colaboración» viene a decir que todo será posible, al tiempo que aprovecha la oportunidad de delegar funciones en el Consorci de la Serra. Será una disposición para la gente puntualiza el conseller de Presidencia, Antoni Fuster. Para todo tipo de gente, conviene matizar, ahora que las possessions pueden abrir la barrera a cualquier evento y reciclar sus casales, bien a modo de palacio de congresos, centro de meditación o discoteca, pongamos por caso.
La solución se buscará o se valorará cuando surja el problema si lo entendemos como tal. Nada de criterios fijos ni garantías medioambientales defendibles a capa y espada. Esto es lo que se puede entender del anteproyecto de ley de la Serra de Tramuntana.
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