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Lletra menuda

La alpargata tiene más suerte que el tren

Cala Agulla

Cala Agulla / .

Llorenç Riera

Llorenç Riera

Si el sol, como es obvio, sale por Llevant, nada nuevo en que los parajes de esta zona de Mallorca sean los primeros del día en exhibir sus encantos. Asumido y disfrutado está de forma integrada en la rutina cotidiana de los residentes, si bien las autoridades de todo nivel no lo han redescubierto hasta ahora, a modo de pretexto justificativo para la siempre recurrida «puesta en valor» de la GR-226, un trazado de cien kilómetros para recorrer a pie firme y en cuatro etapas oficiales, lo que va de las castigadas dunas de Cala Agulla a los baches de Manacor.

Es como si no hubiera pasado el tiempo porque las justificaciones oídas ayer, en el protocolo de inauguración del gran recorrido, son perfectamente homologables con las esgrimidas por expresident José Ramon Bauzá en noviembre de 2014 y su entonces conseller de Medio Ambiente, Gabriel Company, al inaugurar la Vía Verde usurpada al tren, también entre Manacor y Capdepera. Hoy, los protagonistas son los alcaldes de la zona, y el conseller insular, Pedro Bestard. Ya verán como, a partir de mañana, el Consell encadena convocatorias de Gent Gran en la GR-226 para que se pueda comprobar en primera persona lo bien que se hacen las cosas. No confíen, sin embargo, en que el nuevo recorrido senderista sirva para devolver la Vía Verde al tren pese a las constantes reivindicaciones vecinales para que así sea. Duplicidad. Senderismo desviado hacia la explotación turística, marginación de algunos tramos consolidados y el tren solo con expectativa lejana y polémica en dirección a Llucmajor y Alcúdia. Entre Capdepera y Manacor, la alpargata tiene más fortuna, mejor mimo, que el ferrocarril. Hacer salud lo llaman, lo cual se desvela compatible con los usos forzados y desnaturalizados de las vías de tránsito ancestral.

La nueva GR del Llevant confirma otra evidencia. Los caminos ya no son para la comunicación, el trabajo rural y el enlace entre núcleos rurales. Nostalgia del pasado. Hoy, son para el ocio y la explotación turística. Por eso, los trazados se reconducen a conveniencia. No se preocupen si, en algún punto, flaquea la lógica de la GR-226.

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