Sa Pobla graba su memoria: un taller en la biblioteca recoge recuerdos y tradiciones interculturales
Recuerdos de Pascua y tradiciones de aquí y de fuera se unen en un taller que culminará en un vídeo de testimonios para compartir con la comunidad

Rosa Ferriol

En la biblioteca de Sa Pobla, durante unas horas, el guion lo escriben los recuerdos. El taller propone un cambio de roles tan sencillo como potente: aquí la gente mayor toma la palabra y, además, se convierte en periodista y en cámara. La idea es reconstruir memoria colectiva a partir de vivencias personales, costumbres y escenas de las fiestas de Pascua; rescatar lo que sucedía en las cocinas mientras se preparaban panades o en las calles durante este periodo festivo, y dejarlo registrado para que no se pierda. De esta experiencia saldrá un recuerdo audiovisual: un testimonio para compartir con el pueblo y para dejar constancia de “lo que hemos vivido”.

FOTOS | El taller de memoria oral en la biblioteca de sa Pobla, en imágenes / R.F.
La propuesta está conducida por Marta Fernández, de Curly Commas, y nace de una conversación con Malena Tugores, responsable de la Biblioteca Es Rafal y dinamizadora cultural. “Hay pocas como ella”, sentencia Fernández. Le propuso preparar un taller para gente mayor centrado en la memoria colectiva, en recuperar recuerdos y, sobre todo, en compartir un momento con personas de su edad. A Marta se le encendió una idea práctica y repartir tareas: “Que uno hiciese de cámara, otro de periodista, otro que controlase el tiempo… y hacer un vídeo.” “Lo importante es que tengan un momento para ellos, que tengan su protagonismo. Todos estos recuerdos se tienen que rescatar porque la memoria oral es muy importante”.
"Todos estos recuerdos se tienen que rescatar porque la memoria oral es muy importante”
Aunque el eje temático es Pascua, el taller también se ha convertido en una ventana a sa Pobla de hoy, marcado por la convivencia de orígenes diversos. Así, el grupo no solo ha hablado de panades, robiols, Crestatx o procesiones. Ha habido también una recopilación de vivencias que cruzan fronteras: una participante de Marruecos, Kachach Fouzia, ha compartido cómo se vive la fiesta del cordero mientras un joven de Colombia, Haldin Villanuda, ha explicado su Semana Santa. Así, la conversación ha ido tejiendo puentes con las tradiciones locales. “Es un proyecto intercultural: es importante conocer que nosotros tenemos nuestra fiesta, pero también conocer las celebraciones culturales de otras personas que conviven en el municipio”, resume Malena Tugores. La biblioteca, en ese sentido, actúa como un punto de encuentro: “han venido personas de Sa Pobla, de Palma, una mujer marroquí, un joven colombiano y en esa mezcla aparece una comunidad que se escucha”, remarca Fernández.
“Es un proyecto intercultural: es importante conocer que nosotros tenemos nuestra fiesta, pero también conocer las celebraciones culturales de otras personas que conviven en el municipio”
Con el material audiovisual generado en el taller Quan érem joves: històries davant la càmera, se montará un vídeo con la intención, adelanta Tugores, de proyectarlo después “aquí todos juntos” como un espejo compartido: la memoria devuelta a quienes la construyen.
Envejecimiento activo
Desde la “Llar de memòria”, la profesional Catalina Gost pone palabras a lo que significa que la biblioteca entre en el día a día de la gente mayor. “Aporta socialización, que puedan reunirse con otra gente del municipio; hace que salgan y tengan otra manera de acercarse a usuarios del centro de día, de la residencia...” En su experiencia, los talleres de reminiscencia son especialmente valiosos: para personas con deterioro cognitivo o demencia, explica, lo que más se conserva suele ser el recuerdo del pasado. “Nos están regalando desde la biblioteca unos talleres que nosotros recibimos con los brazos abiertos.” Y añade una lectura más amplia: el trabajo de la biblioteca se ha convertido en “un plus añadido” para el municipio y para la gente mayor supone envejecimiento activo. “Es importante fortalecer el envejecimiento activo y la biblioteca lo está logrando.”
“Nos están regalando desde la biblioteca unos talleres que nosotros recibimos con los brazos abiertos"
En las participantes, esa utilidad se expresa sin tecnicismos y con emoción directa. Catalina Caimari, de 84 años, lo resume con una frase que mezcla ternura y reivindicación: “És una monada que es facin aquests tallers”. “Antes la gente mayor estaba como olvidada y ahora tenemos mucho apoyo", valora. Lo que más le ha gustado del taller ha sido volver a revivir las tradiciones de Pascua que ya no se celebran como antes, recuperar escenas de cuando eran niñas. “Vivíamos las fiestas con más intensidad”, recuerda.
Otra participante, Catalina Socies, celebra el formato: “Me ha gustado mucho este taller, nunca había participado en uno igual”. Confiesa que repetiría y que le parece importante que estas memorias queden grabadas. En el reparto de roles —cámara, periodista, control del tiempo— no elige un solo lugar: “Todos los papeles me han gustado.” En esa frase se nota el espíritu del taller: no se viene solo a contar, sino a hacer; a ocupar un espacio activo, visible.
Marta Fernández mira más allá de esta edición. El taller está centrado en Pascua porque es la próxima celebración, pero ella imagina una serie: tocar otras fiestas, invitar a que cuenten cómo se vivían, cómo han cambiado, y que el pueblo conserve un recuerdo de la memoria oral. La biblioteca de Sa Pobla, confiesa, tiene algo especial: “Lo bonito de esta biblioteca es que sabe crear comunidad con los diferentes orígenes que viven en Sa Pobla”. Y esa comunidad, cuando se sienta a hablar, deja una certeza sencilla: que la memoria oral es un auténtico patrimonio que debe quedar grabado.
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