Dinamización social
Malena Tugores de sa Pobla: “La biblioteca del siglo XXI es un punto de encuentro para toda la comunidad”
La bibliotecaria explica cómo el modelo de biblioteca social ha convertido este espacio en un lugar inclusivo, intercultural y abierto a todas las edades

Malena Tugores, en la biblioteca Es Rafal. / R.F.

La responsable de la Biblioteca de Sa Pobla explica cómo el modelo de biblioteca social ha convertido este espacio en un lugar inclusivo, intercultural y abierto a todas las edades. Reconocida con premios de prestigio como el Maria Moliner, la programación y el trabajo comunitario han disparado la participación: de 2.700 personas en 2022 a 7.500 en 2025. Hoy, la biblioteca es mucho más que libros: es un punto de encuentro donde culturas y generaciones se reúnen para compartir conocimiento, crear vínculos y fortalecer el arraigo.
¿Qué concepto de biblioteca impulsa?
La biblioteca del siglo XXI ya no es solo un lugar de libros y estudio: es un espacio de encuentro, refugio y comunidad. Aquí la gente viene a informarse, a relacionarse y, en muchos casos, a empezar a echar raíces. Desde la entidad Pa i Mel suelen recomendar a las personas nouvingudes que acudan a la biblioteca. Nosotros complementamos su trabajo: llegan, descubren el servicio, se hacen la tarjeta y ese gesto tan sencillo ya es una forma de arraigo.

FOTOS | El taller de memoria oral en la biblioteca de sa Pobla, en imágenes / R.F.
La universidad les toma como modelo… ¿Por qué?
En la UIB existe el grado de Educación Social y tiene la asignatura de dinamización de museos y bibliotecas. En la península, y especialmente en Cataluña, la figura del educador o educadora social en bibliotecas está muy consolidada porque complementa al personal bibliotecario y ayuda a dinamizar el espacio con proyectos continuados. En marzo impartiré una formación con el Consell de Mallorca y la UIB porque nos consideran un modelo de biblioteca social. La idea es que otras bibliotecas puedan empezar a implantar este enfoque. Muchas bibliotecas hacen actividades puntuales —un cuentacuentos, un club de lectura—, pero no siempre hay un proyecto de fondo. Una programación permite marcar una hoja de ruta y acercar la biblioteca a todos los colectivos.
"La biblioteca es un espacio de protección y un punto de encuentro comunitario"
¿Qué papel juega la biblioteca en Sa Pobla?
Es un espacio de protección y un punto de encuentro comunitario. Nuestro objetivo es acercarnos a la comunidad, detectar necesidades y trabajar para darles respuesta desde la biblioteca.
Y si algo caracteriza a la biblioteca es que es inclusiva…
Sí. Tenemos un proyecto inclusivo donde todo el mundo tiene cabida. Por ejemplo, durante mucho tiempo la gente mayor no participaba en este espacio y hace tres años pusimos en marcha el proyecto de biblioteca y personas mayores, con actividades como alfabetización digital en formato de aprendizaje-servicio. También trabajamos la interculturalidad. Con Marta Fernández impulsamos un taller para preservar memoria y recuerdos de la infancia. Siempre tiene muy buena acogida.
¿Cómo surgió este modelo de proyecto?
Nació de una necesidad: acercar a todos los colectivos a la biblioteca. Antes se hacían sobre todo cuentacuentos y, cuando empecé, me di cuenta de que no venían ni jóvenes ni personas mayores. Los institutos tampoco acudían porque las actividades estaban muy enfocadas a los más pequeños. Lo que hicimos fue un análisis de necesidades: preguntarnos qué faltaba y cómo la biblioteca podía complementar el trabajo de entidades del municipio. A partir de ahí empezamos a abrir el abanico y a diseñar propuestas para más públicos.
Llegó hace nueve años a la biblioteca y lleva casi cinco como responsable. ¿Su trabajo se puede traducir en cifras?
Sí. En 2022 vinieron unas 2.700 personas a actividades; en 2025 cerramos con 7.500. Pero no se trata solo de participar: lo importante es que exista continuidad, que la gente vuelva y sienta la biblioteca como suya. Yo también sigo formándome: estoy terminando el grado de Educación Social, porque existe una especialización vinculada a bibliotecas. En Cataluña esta figura funciona mucho y aquí también.
"Antes familias marroquíes no venían a pasar una tarde con sus hijos en la biblioteca y ahora sí lo hacen"
La interculturalidad es otra clave del proyecto…
Totalmente. Esta semana hemos celebrado un teatro social y participamos en el proyecto Confluències. Hace cuatro temporadas que lo pusimos en marcha: es un trabajo intercultural para romper estereotipos y prejuicios. También hacemos bibliotecas humanas, donde los “libros” son personas que explican su historia. La idea es clara: no juzgar un libro por su portada. Cuando nos conocemos, nos miramos con otros ojos.
En todo este tiempo, ¿con qué se queda?
Me quedo con las personas: con lo que aportan y con todo lo que recibes. Ha pasado algo muy grande aquí. Antes participaba sobre todo gente poblera; ahora ya no es así. Recuerdo un punto de inflexión: hace cuatro años llamé a cuatro jóvenes marroquíes y les pedí ayuda para que a los talleres no viniera solo gente poblera. Ahí empezamos a tejer comunidad. Hay cambios que se notan mucho: antes familias marroquíes no venían a pasar una tarde con sus hijos en la biblioteca y ahora sí lo hacen. Es enorme. Hoy compartimos el mismo espacio familias mallorquinas y marroquíes. Ese es, para mí, el papel de la biblioteca.
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