La biblioteca como brújula: el camino de Imane hacia una nueva vida en sa Pobla
Imane Bouzerda llegó hace dos años a sa Pobla sin red y con la sensación de que su futuro se estrechaba; en la Biblioteca Es Rafal encontró idioma, vínculos y un lugar desde el que proyectar su vida

Imane Bouzerda y Malena Tugores, en la biblioteca de sa Pobla. / R.F.

Imane Bouzerda llegó a sa Pobla hace dos años con una mezcla de idiomas en la maleta —árabe, francés e inglés— y una certeza incómoda rondándole la cabeza: que su vida allí acabaría reducida a tres salidas posibles. “Cuando llegué pregunté a gente árabe y solo me dieron la opción de trabajar en el campo, de limpiadora o en jardinería”, recuerda. No desprecia ningún empleo; de hecho, trabajó de limpiadora, de cajera y en tiendas mientras estudiaba pero lo que le dolió fue sentir que el futuro, de golpe, se hacía pequeño.
Había estudiado Economía y Gestión en Bélgica, hasta que la pandemia le truncó los planes. Tenía familia en Mallorca, pero el aterrizaje en la isla fue áspero: “Pensé que en Mallorca solo había el campo y entré en una fase de depresión”. Venía de una familia marcada por los estudios —su madre es profesora y su padre trabaja en comercio— y no se veía “toda la vida” en trabajos que no conectaban con su vocación. “Me gusta estudiar, tener una carrera, formar una familia, tener una vida… pero me dijeron que no había nada de esto. Pensé que eso era imposible”. Entonces hizo un gesto sencillo, casi automático, que terminó cambiándole la ruta. “Cogí el móvil y escribí ‘biblioteca’”. Siguió el mapa y llegó a la Biblioteca Es Rafal. Allí se encontró con la bibliotecaria Malena Tugores.
"La gente no tiene en cuenta el valor de una biblioteca”
El primer día, Imane todavía no dominaba el idioma. “Cuando llegué no conocía el idioma, solo hablaba árabe, inglés y francés”. Pero la biblioteca, dice, no fue solo un edificio ni una sala silenciosa: fue un espacio donde empezar de nuevo. “La biblioteca me abrió las puertas. Conocí a gente, aprendí el idioma… La gente no tiene en cuenta el valor de una biblioteca”.
Malena lo resume con una frase que encaja con la idea de “biblioteca refugio”: “Ella no tenía nada y aquí ha encontrado una familia”. Para Imane, además, la biblioteca tiene un componente íntimo: viene de una vida donde estudiar en bibliotecas es una rutina. “En Bélgica siempre estudiaba en la biblioteca”, cuenta. “La biblioteca me relaja, es mi hobby”.
“Hay que aprender el idioma porque es la llave para vivir en un país nuevo”
Idioma
Ahora, mientras se abre camino, Imane insiste en una idea práctica y urgente: el idioma como llave. “Hay que aprender el idioma porque es la llave para vivir en un país nuevo”. Lo dice desde la experiencia: entender a un jefe, interpretar una nómina, poder defenderse en un trámite. Malena organiza talleres de catalán y castellano, pero Imane lamenta que a veces cueste movilizar a la gente: “La gente no viene y es básico”.
Su historia también roza, sin forzarla, temas de identidad y comunidad. Imane compara realidades y costumbres; explica que nunca lleva velo, pero que en la mezquita, cuando acude a dar clases de árabe, le obligan a ponérselo. Y expresa un deseo generacional: “Ojalá que las jóvenes que estudien cambien las cosas”.
Hoy, con su determinación intacta, Imane estudia un FP de grado superior y mira hacia adelante con una mezcla de realismo y esperanza. Si Malena Tugores retrata una biblioteca del siglo XXI como lugar de encuentro, la historia de Imane lo aterriza en una imagen concreta: la de una joven que, cuando creyó que se le cerraban todas las puertas, encontró una abierta en la biblioteca.
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