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AGRICULTURA

“Nosotros competimos limpios y otros van dopados”: el malestar de los payeses de Mallorca contra el acuerdo Mercosur

Los agricultores y ganaderos en las tractoradas de Palma y el Pla denuncian competencia desleal, costes al alza y un futuro del campo que “pinta muy mal” porque "todo serán chalets"

VÍDEO | Arrancan las protestas de los payeses contra el acuerdo con Mercosur

Jaime Reina / B. Ramon

Palma

Este jueves, agricultores y ganaderos de Mallorca han vuelto a sacar los tractores para protestar contra el acuerdo con Mercosur, con concentraciones en Palma y en el Pla.A pie de protestas, las voces del campo mallorquín denuncian que el producto local compite en clara desventaja. Mientras aquí se multiplican las exigencias, los costes y la burocracia, las importaciones llegan -aseguran- con reglas menos estrictas y precios más bajos: “Nosotros competimos limpios y otros van dopados”. Entre la sensación de “carrera desigual” y el temor a que las explotaciones no aguanten, el sector dibuja un horizonte sombrío: menos campo, más fincas vendidas y un paisaje que, advierten, puede acabar “lleno de chalets”.

En el restaurante Ses Torres de Ariany, donde se han concentrado 150 tractores, Baltasar Rigo, de Campos, describe una transformación que, en su relato, ya es irreversible: “Campos era un municipio con muchas vacas, ahora ha terminado a cero y la agricultura también va de capa caída, igual que la ganadería”. Su mirada se centra especialmente en el sur de Mallorca, donde antes la ganadería era terreno dominante y ahora —según desvela— manda la venta de fincas. “El futuro del campo quedará todo lleno de chalets porque las fincas se venden. De las que tierras que nosotros gestionamos, el año pasado se vendieron seis y este año cinco”. Sobre el acuerdo de Mercosur, su juicio es tajante: “Es un desastre”. Y para explicarlo recurre a una comparación deportiva: “Es igual que cuando haces una carrera que uno tenga dos kilómetros de ventaja y el otro debe partir de la línea de salida”. “Nosotros competimos limpios y otros van dopados. Es injusto. Todos deberíamos jugar con las mismas reglas”, comparte desde la protesta en Palma, Pere Joan Oliver.

“El campo quedará lleno de chalets”

Baltasar Rigo

— Campos

Ignasi Jaume y Sebastià Vich, de s’Aranjassa, se han unido a la protesta de Ariany porque “la unión hace la fuerza”. Se han mostrado muy críticos con el acuerdo de Mercosur porque “no se valora el producto local”. En el testimonio del joven Ignasi Jaume, el futuro del campo mallorquín no aparece como una expectativa, sino como una pregunta incómoda: “Pinta muy mal ”.

“Ellos estarán en el mismo mercado que nosotros pero no compiten con las mismas herramientas”

Pedro Rosselló

— Lloret

En la misma línea, se postula el agricultor de Lloret de Vistalegre, Pedro Rosselló: “El futuro del campo mallorquín es muy complicado”. En su caso, centra el problema en la desigualdad normativa: “Ellos estarán en el mismo mercado que nosotros pero no compiten con las mismas herramientas”. En su relato, la diferencia se traduce en un coste añadido para el productor local: “Nosotros tenemos muchos productos que no podemos utilizar”. En este punto, Rosselló apela directamente a la salud del consumidor. Y es que aquí están prohibidos determinados productos fitosanitarios por ser “contraproducentes”, mientras que en otros países sí se permiten, en consecuencia, "los productos no tienen la misma calidad”.

“Nos tienen muy restringidos con los productos que podemos utilizar. Nosotros hacemos los deberes, no nos queda otra"

Jeroni Gomila

— Felanitx

Jeroni Gomila, de Son Valls, en Felanitx, describe una presión doble: restricciones en los productos que pueden utilizarse y el riesgo de sanciones. “Nos tienen muy restringidos con los productos que podemos utilizar. Nosotros hacemos los deberes porque no queda otra ya que nos enfrentamos a multas grandes”. Gomila insiste también en el foco de salud del consumidor: “Los productos son más económicos porque proceden de países que no tienen las normativas tan restrictivas y pueden usar productos fitosanitarios que aquí no se pueden utilizar”. En su explicación, esos productos son “efectivos” pero “contraproducentes para la salud”, por lo que aquí no se permiten. Y esa prohibición, dice, repercute directamente en los costes del productor local: “Son productos más caros que hacen que nos aumenten los costes”, zanja. A ese desgaste añade otro que no siempre se ve desde fuera: la burocracia. “El futuro del campo mallorquín lo veo mal por todo el tema de la burocracia. Es mucho papeleo que nos quita tiempo para dedicarnos a hacer de payés”, concluye.

VÍDEO | Así se ve la tractorada en Ariany desde un dron

Asaja

Malestar en el campo

Sin ninguna duda, las tractoradas impulsadas por las organizaciones agrarias en Baleares han servido estos días para volver a poner el foco en el malestar del campo, un descontento que comparten tanto productores como responsables municipales vinculados al sector primario. Así lo han expresado en la tractorada que ha partido de Son Fusteret, en Palma, Pere Joan Oliver, vicepresidente de la cooperativa de Sant Bartomeu de Sóller, y el alcalde de Santa Maria del Camí, Nicolau Canyelles, que han coincidido en denunciar una competencia que consideran desleal.

Desde el punto de vista de los productores de cítricos, Pere Joan Oliver ha advertido de que la situación es “incluso peor que en otros sectores” debido al pequeño tamaño de las explotaciones en Sóller. “Nuestras fincas son muy pequeñas y eso nos deja fuera de muchas ayudas de la PAC porque no alcanzamos el mínimo de superficie exigido”. Ante esta realidad, el sector intenta diferenciarse apostando por la calidad, aunque esa estrategia choca con un mercado cada vez más presionado por las importaciones.

Oliver ha alertado de la entrada de fruta procedente de terceros países, en ocasiones con problemas sanitarios, a los que ahora se podrán sumar nuevos mercados tras el acuerdo con Mercosur. “Nuestros costes de producción son mucho más elevados: más combustible, más costes laborales, y todo eso aquí es más caro que fuera”, señala. A ello se añade la política de precios de las grandes superficies: “Los supermercados compran muy barato y aumentan sus márgenes”. El resultado, resume gráficamente, es una carrera desigual: “Nosotros competimos limpios y otros van dopados. Es injusto. Todos deberíamos jugar con las mismas reglas”.

“Nosotros competimos limpios y otros van dopados. Es injusto. Todos deberíamos jugar con las mismas reglas”

Pere Joan Oliver

— Sóller

Un diagnóstico similar plantea Nicolau Canyelles, alcalde de Santa Maria del Camí que subraya que es “hijo de payeses”. Canyelles considera que las protestas están justificadas porque existe una clara competencia desleal: “Aquí cumplimos una normativa muy estricta, y eso está bien, pero no puede ser que lo que viene de fuera no tenga los mismos controles”. En este sentido, alerta de la falta de vigilancia sobre productos importados, especialmente desde mercados extracomunitarios, y apela también a la responsabilidad del consumidor. “Cualquiera va al supermercado y compra lo más barato, pero tiene que saber qué está comprando y de dónde viene”, apunta, recordando que durante la pandemia el consumo de kilómetro cero se reforzó, una tendencia que, a su juicio, se ha ido diluyendo. Canyelles ha defendido además el papel estratégico de la payesía más allá de la producción de alimentos. “El campo cuida el paisaje, y los turistas vienen precisamente a ver ese paisaje”, afirma.

Las tractoradas, coinciden, buscan precisamente visibilizar estas reivindicaciones y reclamar reglas de juego más justas para garantizar la supervivencia del campo.

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