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Lletra menuda

Apuntalar la desidia institucional

Llorenç Riera

Llorenç Riera

Los hechos actuales y los antecedentes históricos acumulados durante dos largas décadas de inercia inactiva dejan en evidencia las buenas intenciones supuestas. La presencia de Llorenç Galmés, Antònia Roca y Rafel Bosch, ayer, en el inicio de las imprescindibles obras de consolidación para amortiguar el deterioro de la Fàbrica Nova fue una operación de camuflaje. La visita a Sóller de las primeras autoridades insulares tuvo como principal utilidad el correr una cortina institucional sobre el menosprecio acumulado en el legado de Adela Oliver. Así no se trata la memoria de una hija ilustre. Ni a un edificio BIC. Tampoco a un conjunto merecedor de permanecer en el catálogo de los cien principales elementos del Patrimonio Industrial de España. Si lo que debe ser el futuro Museo Textil de Mallorca todavía permanece en pie es por el indulto que le ha concedido el proceso natural de deterioro y porque alguna caritativa mano furtiva ha actuado donde las Administraciones huían. Lo que ahora ha comenzado es, en realidad, el apuntalamiento del retraso institucional. Ni siquiera el desplome de La Defensora, en septiembre de 2023, sirvió de incentivo para recuperar el tiempo perdido.

No queda maquinaria como la que permanece entre el polvo y las telarañas de La Fàbrica Nova de Sóller, un edificio de 1900 que ha envejecido tal cual lo cerró Damià Mayol en 1970. Su viuda, Adela Oliver, fallecida en 2002, legó las instalaciones, a mitades iguales, por una parte a sus familiares y por otra al Ayuntamiento, con la finalidad de crear el museo textil en un plazo de cinco años que, por tanto, expiró en 2007. Ha habido negociaciones multidireccionales e intentos de revocación. El Consell no cerró la compra por algo más de dos millones de euros hasta finales del año pasado. Aún con ello, su presidente se enorgulleció ayer en Sóller de la «celeridad» de los acontecimientos.

Una herencia postergada más de dos décadas se asemeja a la injusticia de una Justicia retrasada. Esto es lo que ha pasado con la Fàbrica Nova en perjuicio de unos beneficiarios que, en definitiva, son el patrimonio y el disfrute público.

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