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Iniciativas

La actriz Carme González convierte una antigua carpintería de Manacor en Nuanuu, un espacio de teatro y crecimiento personal

El local —una planta baja que llevaba tiempo cerrada— está en plena transformación y pronto tendrá nombre propio: Nuanuu

Carme González

Carme González / Sebastià Sansó

Sebastià Sansó

Sebastià Sansó

Carme González Mestre (Manacor, 1994) empuja la puerta de una antigua carpintería del barrio deSanta Catalina y se le ilumina la cara como si ya pudiera escuchar lo que todavía falta por construir:voces, risas, silencios útiles y ese temblor previo a exponerse delante de otros. El local —una planta baja que llevaba tiempo cerrada— está en plena transformación y pronto tendrá nombre propio: Nuanuu, un espacio que quiere unir teatro y crecimiento personal sin forzar etiquetas.

La actriz manacorina, licenciada por el Institut del Teatre de Barcelona y a punto de terminar el último curso de Terapia Gestalt, ha convertido una idea inicial bastante concreta -»cantar y hacer teatro alquilando un espacio»— en un proyecto de vida.

«Mi madre, que siempre está en todo», cuenta, fue quien le enseñó en 2023 el anuncio de venta: el local pertenecía entonces a un fondo y el precio les pareció asumible. A partir de ahí, el plan dejó de ser un «ya veremos» y pasó a ser un «vamos».

Nuanuu no quiere presentarse como una escuela al uso. No busca «fabricar» intérpretes ni ofrecer terapia por separado, sino cruzar ambas cosas en una misma experiencia. «Más que una escuela, será un espacio de encuentro», explica González. Habrá clases regulares y propuestas para infancia, juventud y adultos, hayan hecho teatro antes o no. El punto de partida, insiste, es sencillo: usar el teatro como herramienta de camino personal.

En paralelo, el espacio también acogerá monográficos puntuales sobre cuestiones específicas que suelen obsesionar a cualquiera que pisa un escenario (o una sala de audiciones): casting, emoción,improvisación, clown… Talleres breves que complementen el recorrido y permitan abrir puertas a curiosos, aficionados o profesionales que necesiten afilar herramientas. Desde fuera, a menudo se imagina a actrices y actores como personas seguras, impermeables a la mirada ajena.

Superar el miedo

González desmonta ese tópico con una frase que resume el desgaste del oficio: trabajan con su propia herramienta —ellos mismos— y eso implica exposición constante al público y a la crítica. «Desgasta porque tienes que superar el miedo continuamente», dice, y señala un vacío habitual en la formación actoral: el acompañamiento personal. Su paso por el Institut del Teatre fue «muy intenso», pero echa en falta una mirada más cuidada sobre ese punto concreto: qué ocurre con la persona que interpreta, con su autoestima, con su relación con el juicio externo.

Nuanuu nace, en parte, de esa intuición: hay aprendizaje técnico, sí, pero también hay un terreno íntimo que conviene atender para que el teatro no sea solo rendimiento, sino también cuidado. No es una sala de teatro: es un espacio vivo. Quien imagine una programación al uso —cartelera, funciones cada fin de semana— se equivoca. Nuanuu no pretende ser una sala de exhibición «como tal». «Será un espacio vivo para crear comunidad», apunta González. Eso no impide que, llegado el caso, profesionales puedan alquilarlo si lo necesitan, pero el objetivo principal no es convertirse en un escenario permanente, sino en un lugar donde pasan cosas: ensayar, explorar, equivocarse sin castigo, encontrarse. Esa vocación comunitaria también marca el tono del proyecto: quiere ser «algo lúdico y libre», un sitio donde la disciplina no esté reñida con el juego y donde la creatividad no se mida solo por resultados.El nombre de Nuanuu no es casual. «Tiene un doble significado», explica la actriz. Por un lado, alude a deshacer un nudo —desanudar lo que bloquea, encontrar camino—. Por otro, juega con la idea de «nua», desnuda, en femenino y masculino: dejarse ver sin tanta armadura, avanzar «pasito a pasito» mientras se deshacen nudos propios.

En esa doble lectura cabe el espíritu del lugar: un espacio que no promete soluciones mágicas, pero sí un método para moverse —con el cuerpo, con la voz, con la emoción— y para mirarse con menos dureza. Para terminar de hacerlo posible, González ha activado un crowdfunding con un objetivo claro: financiar la insonorización y la iluminación del local.

40.000 euros

La meta es llegar a 40.000 euros y se han dado de margen hasta marzo para conseguirlo. «Ya ha habido donaciones», explica, y subraya que no hay cantidades cerradas: «todo suma». Quedarán mejoras por hacer —menciona, por ejemplo, aires acondicionados—, pero esas ya las contemplan como inversiones que podrán asumir más adelante. La prioridad ahora es poder abrir, por fin, a lo largo de 2026 y empezar a llenar el espacio de lo único que le da sentido: gente.

A la pregunta de si existe un modelo similar en Mallorca, González responde mirando hacia atrás: en el Institut del Teatre conoció a Anna Carner, una figura que, de algún modo, le despertó el interés y la necesidad de una formación más personal. A partir de ahí, la idea fue tomando cuerpo hasta convertirse en un compromiso: seguir formándose para tener herramientas suficientes y acompañar bien a quienes pasen por Nuanuu. «Tengo que tener una base fuerte», resume, consciente de la responsabilidad que implica sostener un espacio así. «n la antigua carpintería aún hay detalles por rematar, pero el proyecto ya se reconoce en lo esencial: un lugar donde el teatro no sea solo espectáculo, sino también proceso; no solo técnica, sino también presencia. Un sitio para hablar, para jugar, para atreverse. Y para deshacer, poco apoco, los nudos que cada uno lleva a cuestas.

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