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Urbanismo

Una isla que se transforma en ciudad: Mallorca pierde suelo rústico al ritmo de 2.100 campos de fútbol en solo diez años

Terraferida denuncia la “devastación” del suelo rústico de Mallorca, con una media de cinco chalés construidos por semana entre 2021 y 2024

Iñaki Moure

Iñaki Moure

El combativo colectivo ciudadano Terraferida reapareció este jueves para alertar de la “devastación” que viene sufriendo el suelo rústico de Mallorca en los últimos años y que se podría resumir en dos datos. Primero, entre 2021 y 2024 se construyó una media de cinco chalés por semana en fora vila. Segundo, el nivel de transformación del campo durante la última década es el equivalente a si se hubiese urbanizado casi todo el municipio de Costitx, más de 1.400 hectáreas. O, para hacerse una idea más gráfica, el equivalente a unos 2.100 campos de fútbol como el del Mallorca en Son Moix.

Estos datos los ofrecieron en rueda de prensa los representantes de Terraferida Jaume Adrover y Mateu Vic, quienes ofrecieron una detallada exposición de datos a partir de ortofotografías oficiales aéreas. “El proceso de construcción en suelo rústico es muy impactante. Se viene haciendo de manera diseminada, difusa, y quizá por eso la población no sea tan consciente de lo que está pasando”, argumentó Adrover, en la primera reaparición pública de Terraferida desde 2023, cuando anunciaron un parón en su activismo. “No hemos sabido estar quietos”, explicó.

"La conversión de 'fora vila' en un suburbio repercute sobre el conjunto del territorio y constituye hoy en día la amenaza ambiental más grave"

Terraferida

En el proceso de “artificialización” del suelo rústico de la isla, por utilizar la expresión usada por este colectivo, ocupan el papel más destacado los usos residenciales y turísticos, “indistinguibles” en estos tiempos de esplendor del alquiler turístico, apuntaron desde Terraferida. Los 846 chalés edificados entre 2021 y 2024 representan casi el 60% de las construcciones realizadas en rústico durante estos tres años.

Placas solares

A continuación, se sitúa un nuevo protagonista del campo mallorquín: las placas solares, que suponen el 25% de las nuevas edificaciones. Muy por debajo, se encuentran otros usos, como almacenes, vertederos, instalaciones de tipo industrial o comercial, canteras, red viaria o aparcamientos.

En su comparecencia, Adrover y Vic exhibieron un mapa de Mallorca con una infinidad de puntos azules, que representaban los nuevos chalés, caminos, pavimentaciones, instalaciones deportivas (incluidos circuitos de carreras, campos particulares de golf y equipamientos hípicos), placas fotovoltaicas, almacenes e, incluso, un club de alterne que han surgido entre 2021 y 2024, un periodo en que, según los cálculos de Terraferida, se ha construido una media de 180 hectáreas anuales, lo que representa un aumento del 28% respecto a 2015-2021.

Las imágenes que muestran la transformación del campo de Mallorca en los últimos años

Las imágenes que muestran la transformación del campo de Mallorca en los últimos años / Terraferida

Si se suma todo lo que se ha construido, pavimentado, ajardinado o, simplemente, modificado artificialmente en terreno rústico de Mallorca durante la última década, la superficie resultante es de 15,7 kilómetros cuadrados, según expusieron los representantes de Terraferida, quienes recordaron que es una cifra superior a la extensión total de municipios como Búger (8,3 kilómetros cuadrados), Estellencs (13,4), Consell (13,7) o Deià (15,1).

“Este proceso tiene un gran impacto, pero no se percibe tanto como esas grandes urbanizaciones que se han proyectado en Mallorca y que han provocado movilizaciones populares”, subrayó Adrover, quien advirtió de que el 80% del territorio “no está protegido”, por lo que dijo que, si no se pone freno a estas dinámicas, Mallorca va camino de convertirse en una “isla-ciudad”.

Adrover mencionó las implicaciones de esta imparable "artificialización" del campo mallorquín y, en este sentido, alertó de las grandes cantidades de agua que requieren muchas de estas nuevas edificaciones en un contexto de escasez de lluvias, sin olvidar, dijo, las consecuencias a nivel de movilidad y transformación del paisaje.

“La conversión de ‘fora vila’ en un suburbio repercute sobre el conjunto del territorio y constituye hoy la amenaza ambiental más grave. Tiene un efecto gentrificador y hace desaparecer miles de explotaciones agrarias y espacios que daban servicio ambientales a la población”, adujeron desde Terraferida.

El colectivo, ante esta situación, reclamó una moratoria “inmediata de construcciones residenciales en suelo rústico y la protección definitiva del suelo rural”, como se ha hecho en Menorca, sin ir más lejos, especificó Adrover. Pidió también un nuevo plan territorial insular que proteja los “usos agrarios, naturales y educativos”, al tiempo que consideró necesario un plan de reforma de viviendas en los centros históricos de los pueblos de Mallorca, ateniéndose a “criterios sociales”.

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