Sant Antoni se encomienda a sus fieles en un Primer Ball multitudinario en Manacor
Miles de personas llenan la plaza Ramon Llull para una torrada que sirve de excusa perfecta para ver en directo las primeras coreografías de la colla de Dimonis

Sant Antoni se encomienda a sus fieles en un Primer Ball multitudinario en Manacor / Guillem Bosch
Las virtudes de una fiesta se miden por el carácter que logra imprimir en quienes la disfrutan, sea desde dentro o como espectadores. El Sant Antoni manacorí, evolucionado y masificado desde hace 20 años, lucha por encontrar un equilibrio que permita continuar con la tradición sin desvirtuarse mucho por el camino.
El Primer Ball, colocado hace tiempo como uno de los puntos álgidos de la semana grande dedicada al ermitaño protector de los animales, volvió a ser un ejemplo claro de esa paradoja. Espectacular para las nuevas generaciones, y con un rito algo manido para el paso intermedio, quien ha vivido la intimidad y ahora soporta con entereza la transformación en producto, identitario sin duda, pero cada vez más global.
En cualquier caso, ver bailar a los Dimonis de Manacor siempre es un espectáculo sensorial; un goce estético y sonoro que se hace esperar y dura relativament poco. Ayer noche, la colla y los sonadors volvieron a cumplir con la fiesta, volvieron a entrar en comunión con los fieles y en combustión con los jóvenes y las carnes a la brasa, que inundaron de olor y humo el ‘teatro’ de la plaza Ramon Llull.
Después de las fiestas navideñas, Manacor ya vive intensamente Sant Antoni. Y el Primer ball volvió a ser un evento multitudinario, donde la energía y la pasión llenaron el aire cuando los cuernos del Dimoni Gros aparecieron saliendo del conservatorio de música, en un paseíllo que cautivó a miles de personas.
Siguiendo música y bailes tradicionales, los asistentes, vestidos con sudaderas negras del Patronato, han cantado y aplaudido fervorosamente cada tonada. Como ya viene pasando durante los últimos años, fiesta se ha desarrollado bajo la mirada atenta de la policía, que de nuevo ha hecho lo posible para que todo se mantuviera bajo control.
Los rituales de Sant Antoni, mezcla de religiosidad y paganismo de culto, continuarán con actos jalonados durante toda la semana, pero vivirán su gran día este próximo viernes 16 de enero, cuando el pueblo entero (y sus miles de visitantes) sigan cada paso de los Dimonis y se deleiten en cada fogueró.
