Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Cierra Can Xiscos, la última tienda tradicional de comestibles de Binissalem

Llorenç Pol y Margalida Terrassa disfrutarán de una merecida jubilación tras más de tres décadas al frente del establecimiento

Llorenç Pol y Margalida Terrassa posan para este reportaje en la tienda Can Xiscos.

Llorenç Pol y Margalida Terrassa posan para este reportaje en la tienda Can Xiscos. / Jaume Canut

Binissalem

De comercios dedicados a la venta de comestibles (fruta o verdura) en Binissalem llegó a haber más de cuarenta. Así, podríamos citar Can Pintores, Ca Na Bielina, Cal Negro, Ca Sa Lloreta, Ca Sa Clota, Can Bernat Piu, Can Salom, Can Martillo, Can Caloies, Ca Na Pixedis, Cas Pinero…, entre muchas otras, junto a las dos últimas, y también históricas, por todos los años que despacharon y que hace poco cerraron, como son Cas Patró y Can Tronxo. Este pasado miércoles 7 de enero, Can Xiscos, la última tienda tradicional de comestibles que quedaba cerró sus puertas, y cabe recordar que, hace un año, había sido distinguido como comercio emblemático del pueblo.

Llorenç Pol Rosselló, de Can Xiscos, actual propietario de la tienda, recuerda que los inicios de este comercio se sitúan hacia el año 1957, en la casa número 6 de la calle de Robines. Fue su padre, Pedro Pol Salom, quien la abrió. Sin embargo, es importante remarcar que antes de tener la tienda Pedro y su padre, Llorenç (el abuelo), ya iban a vender fruta y verdura por las plazas. De hecho, Llorenç nos cuenta que su abuelo, apasionado como era de su oficio, hasta la edad de 90 años continuó vendiendo fruta y verdura en la plaza de Binissalem.

De aquella primera tienda, Llorenç nos cuenta que ya se despachaban los primeros danones (en bote de cristal). El género era adquirido en los mercados del Olivar y de Pere Garau de Palma, un género que transportaba el camión de la denominada entonces Agencia, un servicio típico de aquellos años que se encargaba de hacer llegar todo tipo de productos a los diferentes municipios y comercios. Al cabo de unos diez años, el padre adquirió un Renault 4L con el que ellos mismos se harían cargo de transportar los productos; una tarea que, en más de una ocasión, Llorenç recuerda haber tenido que combinar con las clases durante su etapa escolar de Primaria.

Hacia 1973 se producía un cambio importante: la nueva ubicación de la tienda. La familia había adquirido un solar en la calle de Gómez Ulla –actualmente calle de Antoni Maria Alcover– y allí construirían un local donde se instalaría la tienda y también la vivienda. Aparte de fruta y verdura también venderían productos alimenticios elaborados, hielo y artículos de limpieza. Cabe decir que es también en este año en el que se inaugura el nuevo Mercapalma, donde podrán adquirir el género por la mañana, temprano, mientras que antes, en el mercado del Olivar, según detalla Llorenç, el abastecimiento se realizaba sobre las 10:30 horas.

Llorenç asegura que las nuevas dependencias supusieron un paso importante para el negocio. Aparte de despachar, también proveían a otras tiendas del municipio y restaurantes. Además, en ocasiones también iban a vender a mercados como el de Inca o el de Alaró; precisamente en este último Llorenç recuerda haber despachado grandes cantidades de las primeras naranjas clementinas “sense pinyol”, que gustaron mucho, dice.

Novedades y curiosidades

Entre las novedades de aquellos primeros años destaca, por ejemplo, la venta de unos quince pollos semanales y varios conejos, así como la venta de las primeras botellas de aquel histórico detergente conocido como Mistol. Era una época en la que muchos productos eran vendidos a granel, como el famoso Cola Cao, al igual que muchos otros como las legumbres, la harina o el azúcar. Precisamente de los sacos de azúcar, que eran de una tela muy fina, Llorenç recuerda que su madre confeccionaba sábanas, en las que, una vez confeccionadas, todavía quedaba reflejado el escudo de la empresa Azucarera Española. Éste venía a ser uno de muchos ejemplos de cómo, antiguamente, muchas cosas eran perfectamente reutilizables. Todo se aprovechaba. Además, era una época en la que, a diferencia de la actual, los envases de plástico estaban poco presentes. De hecho, explica Llorenç, la leche era vendida en botellas de vidrio, como era el caso de la leche Agama. No fue hasta el inicio de la década de los años ochenta en que entraron en el mercado los primeros Tetra Briks. La Coca Cola también era servida en botella de vidrio. Todo esto posibilitaba que estos envases fueran retornables y reutilizados. También es en ese momento en el que entrarían en el mercado, de manera destacada, las bolsas de plástico.

Otro detalle de principios de los años ochenta es la llegada a la tienda de la primera báscula electrónica, marca Mobba, para pesar al género; cabe decir que las de antes funcionaban con los tradicionales pesos y se calculaba el precio sin ticket de caja, sino hecho a mano. Un aspecto, éste, que, evidentemente, cuando daría un gran paso sería con la llegada de las Nuevas Tecnologías y el etiquetado electrónico de toda la gama de artículos.

Nueva etapa y relieve

Hasta 1984 Llorenç había trabajado ayudando a su padre, pero en ese año iniciaba una etapa, de unos diez años, trabajando en la empresa de licores Domecq, donde realizaba tareas de repartidor y en el almacén. También es este año en que Llorenç se casa con Margalida Terrassa Reynés, de Can Torró, con quien se hará cargo de la gestión de la tienda a partir de 1994.

Todo coincide en una época en la que habían empezado a entrar en la isla las grandes superficies, uno de los grandes adversarios que tanto afectaron a las tiendas de pueblo. Tanto es así, afirman, que durante la década de los setenta y hasta principios de los ochenta muchas de las tiendas que funcionaban en Binissalem coincidieron con la época exitosa del sector del calzado, por lo que todo: trabajo, producción y consumo, era casi cien por cien local. Además, dicen, la movilidad no era ni mucho menos semejante a la actual, mucha gente no tenía coche y eso dificultaba poder desplazarse con la misma facilidad que hoy a lugares como Palma para comprar según qué productos.

Ahora, tras el cierre definitivo y una merecida jubilación, Llorenç y Margalida también han celebrado más de tres décadas al frente de la tienda de Can Xiscos. Un comercio que, a priori, no tendrá continuidad a nivel familiar, ya que sus dos hijas, Cati y Maria, se dedican a otras profesiones. Pero, en el fondo, hablamos de un comercio que, además de formar parte del tejido empresarial de Binissalem durante tantos años, ha cumplido también una función que a todos nos marca de cerca como es la de fer poble.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents