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Lletra menuda

El Ayuntamiento, cortijo y conflicto particular

Joan Monjo posa en la sala de plenos municipal. Detrás, el retrato del magnate Juan March Ordinas.

Joan Monjo posa en la sala de plenos municipal. Detrás, el retrato del magnate Juan March Ordinas. / Joan Frau

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A fuerza de reincidencias y personalidad singular de su autor, asimilado está que donde actúa la mano, influencia y obra de Joan Monjo abunda cuando menos la controvertida polémica. Esta misma reincidencia de las poco homologadas maneras de actuar del alcalde intermitente de Santa Margalida es la que ha ido derivando a la Casa Consistorial de la Vila hacia una gestión a modo de empresa privada a voluntad de un político indisciplinado y difícil de encajar con siglas de partido. Ante ello, el aludido suele argumentar que, de este modo todo, la eficacia municipal entendemos, se vuele más rápido y eficaz. Sería perfecto si con ello no se menospreciara la legalidad y despreciara la igualdad de trato y oportunidad en el acceso a los servicios y funciones propias del consistorio. Esta es la causa por la cual el ayuntamiento de Santa Margalida está siempre en la picota. La herencia dejada y todavía controlada por Joan Monjo apenas se reconduce hacia la igualdad con Martí Àngel Torres en la alcaldía.

La querella que han presentado tres agentes de la Policía Local por presunta prevaricación del exalcalde Monjo, el jefe de la Policía y la secretaria municipal, es un triste reflejo de lo dicho, con unos perfiles que van ganando nitidez a medida que investigados y testigos pasan por el juzgado de Inca. Se discuten nombramientos a dedo, permutas policiales fuera de ordenación y falta de nivel de catalán en contrataciones. No es poco. Hace tiempo que los agentes de Santa Margalida protagonizan más conflictos internos y demandas a sus superiores que actividad profesional nítida. Paga, y no solo en metálico, el ciudadano desatendido.

La contaminación de la gestión parece extenderse más allá de los límites locales. La alcaldesa de Llubí, Magdalena Perelló, firmante de una de las permutas en el candelero, ha reconocido en sede judicial que no se cumplían los requisitos para autorizarla, pero le concede una eficacia «muy favorable». Este es el modo de actuar. Todo personal. Cabe suponer que las declaraciones del exalcalde Monjo y del jefe de Policía, Manuel Gallardo, irán en la misma línea.

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