Lletra menuda
Pocos medios para grandes infraestructuras

Vista de Mancor de la Vall desde el Santuario de Santa Lucía. / DMA
La desproporción entre infraestructuras y medios materiales por un lado, y capacidad humana y económica para atenderlos por otra, se va agrandando en el seno de diócesis de Mallorca. Se conocen las causas, no ocurre nada que no fuera previsible, pero a fuerza de mirar al pasado y de engañar al presente, los edificios se deshabitan y los recursos pierden operatividad. Es una situación que afecta a la misma razón de ser de la diócesis, a sus expectativas pastorales, pero va mucho más allá de lo eclesiástico porque, como es obvio, nada puede entenderse en esta isla prescindiendo de lo religioso en sus múltiples facetas. El pecado ha sido dejarse pillar por los tiempos modernos y no saber domesticarlos. La penitencia se augura dura porque no es fácil pactar con la laicidad y hay muchas, demasiadas, cosas por corregir.
Todo lo dicho viene a cuento de que ahora llega el turno de Santa Llucía de Manacor de la Vall. Como tantas otras congregaciones, las religiosas dels Sagrats Cors se repliegan y dejan el santuario. Hablamos del lugar que en las últimas décadas ha sido poco menos que la casa de espiritualidad de referencia de Mallorca y foco de numerosos encuentros. Algo así como un Lluc menor que, según se tercie, puede entrar en devaneos semejantes al del santuario insignia de la isla. El obispado dice que se mantendrá la casa de espiritualidad y que el trabajo de las religiosas se reemplazará próximamente. Se acumulan los conventos y complejos pendientes de reactivar. Hasta ahora no se ha dado una salida digna y eficaz al Centre Catòlic de San Joan incendiado en 1978.
Mantener Santa Llucía no será fácil. Sin residencia estable en el santuario todo se vuelve más dificultoso. Además, la transformación, más bien la deformación desmesurada, realizada en 1963 por el Verbum Dei, mantiene la condición de herencia envenenada del complejo. Solo las religiosas del Sagrats Cors le han dado una cierta estabilidad desde 1973. El reto ahora es mantener la vitalidad de un lugar de culto y devoción que ya aparece documentado en 1275.
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