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Lletra menuda

Riesgo y mensaje de las calles desaliñadas

llorenç riera

Las ciudades y pueblos acaban siendo como las personas porque están conformadas por ellas y en función de su aspecto invitan a la confraternización amical o al rechazo distante. Del mismo modo que resulta incómodo tender la mano a una persona desaliñada, hoy por hoy, el aspecto que ofrecen algunos núcleos de Llucmajor, con contenedores de basura a rebosar y las mismas noticias que llegan de sus entrañas municipales, no sirven para la animar la acogida ni la estabilidad social interior. Son esas imágenes delatoras que no necesitan soporte explicativo. Vociferan, a modo de denuncia, por sí solas. Es una verdadera lástima porque los residentes, los verdaderos perjudicados, no se lo merecen.

Un camión averiado y la coincidencia, nada extraordinaria, de festivos navideños y de fin de año son el recurso en el que se ampara el gobierno municipal para buscar crédito para una situación que puede llegar a ser compatible con la falta de salud pública. Lo que sí ya ha enfermado, seguro, es la gestión consistorial, porque el problema de la mala, cuando existe, recogida de basuras, sobre todo en las urbanizaciones de Llucmajor, viene de largo y es reincidente. Resulta pestilente y no solo para el olfato. El contrato de concesión permanece caducado desde mayo pasado. Las quejas estridentes, como se recordará, ya saltaron en verano. Las bolsas de basura «que no recogéis» dejadas en agosto por los quintos antes la casa consistorial, no han servido para ruborizar a los responsables de un servicio público esencial, pero muy menguado. Decaído por dejadez.

De ser cierto lo denunciado por Llibertat Llucmajor, en la oposición municipal, un millón de remanente de la tasa de basuras no reinvertido en el propio servicio, todo se vuele aún más estrambótico. Queda inutilizado el pretexto de la falta de recursos. El problema de las basuras en Llucmajor, por lo menos en cuanto a difusión y denuncia, ya trasciende más allá de su amplio término municipal. Tal expansión es uno de los pocos recursos que quedan para presionar en demanda de una reconducción necesaria. Que el Ayuntamiento se ponga a trabajar, vamos.

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