Lletra menuda
Regenerarse en tiempos difíciles

Apaema apuesta por los árboles frutales resistentes al cambio climático. / APAEMA
En general, el campo mallorquín presenta un aspecto que tiende más bien al desánimo. Las causas son de sobras conocidas. Falta de relevo generacional en la agricultura, competitividad a la baja y efectos nocivos sobre los elementos de producción que se concretan en pestes y plagas. En verdad, sin embargo, que también quedan algunos payeses irreductibles y jóvenes emprendedores que deciden profesionalizarse en las tareas agrícolas. Por eso, entre almendros empachados de xylella se ven porciones de arbolado de nueva planta que, apenas superando su condición simbólica, guardan una capacidad vital de regenerar con savia nueva a los castigados frutales mallorquines. Han sido preparados, incluso genéticamente, para ello. Este es el valor que se les da y la esperanza que se ha depositado en sus semillas y plantel.
Decididos a cultivar estos aspectos, la asociación de productores de agricultura ecológica emprende la tercera convocatoria de un proyecto de ayudas para la plantación de árboles. Lejos de ajardinar fora vila, lo cual siempre es una tentación en lo paisajístico y turístico, aquí lo que importa es la adaptación a la movilidad del clima, los nuevos sistemas de explotación y la capacidad de hacer frente a los elementos perturbadores para, de este modo, dar con una producción decente que supere lo meramente simbólico y la militancia del estricto consumo autóctono.
En referencia a las especies más abundantes, se han plantado olivos, algarrobos y almendros suficientes para no pasar desapercibidos, pero queda mucho por hacer. Conviene seguir dando buen destino a los fondos que aporta la Fundación Mallorca Preservatión y, en este sentido, como resalta la propia APAEMA, no perder de vista que lo determinante es el estímulo de proyectos frutícolas solidos antes que la cantidad numérica de árboles plantados.
A fuerza de tropiezos y dificultades acumuladas ha ido quedando claro en los últimos años que la regeneración de los frutales de las islas es ardua y compleja. Pero también se antoja necesaria y por tanto irrenunciable.
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