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Lletra menuda

El reducto positivo de la insularidad

Fernando Fernández, durante el balance de la situación de la sanidad animal.

Fernando Fernández, durante el balance de la situación de la sanidad animal. / R.F.

Llorenç Riera

Llorenç Riera

A la insularidad de este archipiélago le queda alguna reserva de singularidad en forma de alivio, lo cual, sin embargo, está lejos de permitir echar las campañas al vuelo. Balears es siempre distinta, una diferencia que en los últimos tiempos se concentra en todo tipo de saturaciones y excesos, desde los precios a las aglomeraciones, pero hete aquí que ahora se obran los prodigios naturales de solo ver pasar la gripe aviar al vuelo y de mantener la peste porcina africana en pocilga ajena.

Un éxito, a la vista del panorama global, porque también permanecen abiertos los frentes de la lengua azul, la dermatitis modular contagiosa y la enfermedad hemorrágica epizoótica. Nada extraño que el sector ganadero permanezca instalado en la frustración, con una constante preocupación insegura. Con todo, las medidas preventivas adoptadas, las vacunaciones, los controles y algo de buena estrella permiten a las autoridades sanitarias afirmar que la situación permanece estable y bajo control. En todo caso, no cabe bajar la guardia porque el contexto se mantiene complejo animado por el cambio climático, la movilidad de animales y personas y aún la acumulación de alertas. Los ganaderos están sobrepasados. A Fernando Fernández no le quedará más remedio que seguir poniendo paños y templando ánimos. Por lo menos se ha salvado la porcella de Navidad.

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