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Lletra menuda

Lidiar con la bravura constructora

Helipuerto en la finca

Helipuerto en la finca / DM

Llorenç Riera

Llorenç Riera

Un año de por medio, desde que transcendió el contenido de las obras hechas a las bravas, no ha bastado para amortiguar el escándalo provocador de una plaza de toros, un helipuerto, una pista ecuestre de 2.500 metros cuadrados y todos sus anexos en el entorno del agroturismo LoftOtel Canet y el restaurante Quay de Esporles. No queda margen para las dudas o la diversidad de interpretaciones. Los hechos, el modo en que han transcurrido, conducen a la evidencia de que se ha actuado a modo de cortijo particular en el sentido íntegro y amplio del término, hasta el extremo de acelerar las obras después de haber comprobado su ejecución. Persiste, eso si, el interrogante sobre qué hubiera podido llegar a pasar si los vecinos y el Ayuntamiento no hubieran reaccionado y movido pieza.

La propuesta de sanción que realiza ahora la Agencia de Defensa del Territorio aviva la dimensión del despropósito desde el mismo momento en que se solicita la multa máxima prevista por la Ley de Urbanismo de Balears para estos casos, entre el 250 y el 300% del valor de la obra. Se ha valorado, presumiblemente a la baja, en 127.104,87 euros con lo cual la exigencia económica de sanción puede quedar en 380.000 euros. Pero estamos en tiempo muerto. El periodo de alegaciones ha abierto paréntesis tendiendo la mano a posibles legalizaciones o restitución de terrenos que adelgazarían la multa. Siempre el beneficio legal de la duda y de la corrección. O del paso del tiempo, que también cuenta y mucho. Los vecinos dan por hecho que se han celebrado festejos en la plaza de toros revestida como tal y clausurada en agosto pasado. Imposible también esconder los movimientos registrados en el helipuerto.

Con todo, la «perplejidad» inicial expresada por el alcalde de Esporles, Josep Ferrà, persiste y vuelve a trasladarse a la opinión pública.

La Administración se las ve con la bravura de quienes no se someten a corral. Queda lejos la mansedumbre de acatar y someterse a la disciplina urbanística. Por eso algunas fincas se conciben como plaza de toros de lidia particular y exclusiva.

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