Aniversarios
Mateu Ferrer 'Gallardó', uno de los mallorquines más longevos, en su 105 cumpleaños: “Que te guste tu trabajo y ser buena persona, eso es lo importante"
Santa Margalida homenajea al centenario por su aniversario, “un carpintero extraordinario, ‘margalidà’ ejemplar y memoria viva de la Vila”
“Estoy muy contento y espero que no sea la última”, dijo Ferrer rodeado de amigos y vecinos, mientras los xeremiers le tocaron 'Sor Tomasseta' y 'Cumpleaños feliz'

DM

Mateu Ferrer Estelrich (Santa Margalida, 1920), conocido por todos en su pueblo natal como l’amo en Mateu Gallardó, ha cumplido este 9 de diciembre 105 años, convirtiéndose así en uno de los mallorquines más longevos, y el de mayor edad de la localidad. Cuando se le pregunta por el 'secreto' para llegar a tan avanzada edad, explica que ha sido “muy feliz trabajando” en su oficio: la carpintería. Hasta prácticamente alcanzar los cien años, no podía estar en casa sin hacer nada, y le encantaba trabajar con la madera. Otra de las claves para el bienestar personal y la felicidad, asegura, es “ser siempre una buena persona, yo lo he procurado. Es lo más importante”, recalca. “No creo haber agraviado a nadie en todos estos años ¿para qué pelearse y ofender, cuando se puede estar bien?”, reflexiona.

El alcalde Martí Torres le ha hecho entrega de una escultura de un 'dimoni' y un ramo de flores / DM
Sobre si ha seguido alguna dieta milagrosa para cuidarse, afirma que nada especial, “nunca he sido de comer grandes cantidades, y con la edad todavía menos. Me gusta todo, también la verdura y la fruta”. Recalca, eso sí, que “antes la comida era mucho más buena, los alimentos del campo tenían mejor sabor”, señala. Dice encontrarse bien de salud -“gracias a Dios, no me duele nada”-, y mantiene una lucidez admirable a sus 105 años, si bien adolece de los achaques físicos propios de un centenario: “Esto de aquí arriba, el tejado [dice señalándose la cabeza] me funciona igual de bien que siempre, lo que pasa es que el cuerpo ya no me acompaña, pero ¿qué quieres, a esta edad?”, sonríe.
Con motivo de su 105 cumpleaños, el Ayuntamiento de Santa Margalida rindió ayer por la tarde un homenaje a uno de sus vecinos más queridos, y el más longevo. “Un carpintero extraordinario, margalidà ejemplar y memoria viva de la Vila”, le definió el consistorio a través de sus redes sociales. Carpintero y figura clave en la vida social del municipio, Mateu Ferrer celebró su aniversario arropado por familiares, amigos y vecinos en un acto en el local de la Tercera Edad.
En la fiesta, l’amo en Mateu Gallardó agradeció emocionado la “sorpresa, no me esperaba tanta gente, os mando un beso a todos". “Estoy muy contento y espero que no sea la última”, deseó, sin olvidarse de dar las gracias al Ayuntamiento. Los xeremiers de la Vila interpretaron para la ocasión Sor Tomasseta y el cumpleaños feliz mientras que el alcalde, Martí Àngel Torres, le hizo entrega de una escultura de la cabeza de un dimoni, obra del artista Guillem Crespí i Alemany, y de un ramo de flores. Torres reconoció que “cumplir 100 años es un mérito extraordinario, pero soplar las 105 velas ¡ya es un mérito súper extraordinario!”, y recordó precisamente que "cuando cumplió los cien ya dijo en una entrevista al periodista Pep Capó que había llegado a esa edad porque había trabajado mucho en lo que le había gustado, y había estado muy entretenido".
En la fiesta, l’amo en Mateu Gallardó estuvo arropado por otras dos centenarias de Santa Margalida, Catalina Molinas de 101 años y Agustina Piña de 100. Concejales de todos los partidos con representación municipal, del gobierno y de la oposición socialista, quisieron estar presentes en el acto.

Joan Monjo también le ha entregado un detalle. / DM
Para muchos, l’amo en Mateu Gallardó es el carpintero de referencia. Dejó la escuela a los doce años para entrar como aprendiz en el taller de Jaume Cladera (Femenia), donde aprendió un oficio que ya nunca abandonaría. A los 18 años fue llamado al servicio militar y pasó siete años movilizado, trabajando como carpintero en talleres militares de Palma junto a dos maestros que completaron su formación.
De regreso a la Vila, decidió establecerse por su cuenta. En un pequeño taller y con apenas una máquina empezó a sacar adelante encargos para casas y posesiones del término. “Entonces casi todo se hacía manual”, recuerda. Su carpintería se convirtió pronto en una escuela: en los primeros años llegó a tener hasta siete aprendices, muchos de los cuales acabarían trabajando en el oficio.
Antes de dedicarse de lleno al trabajo, Mateu Gallardó había sido uno de los primeros alumnos del colegio de La Salle de Santa Margalida. Empezó a ir a clase con cuatro años y aún recuerda al hermano Agustín y aquellas primeras lecciones de lectura, cuentas y catecismo. Esa vinculación continuó después como directivo de los Antiguos Alumnos de La Salle y como colaborador de la parroquia.
Fiestas populares
Su nombre está ligado también a las fiestas populares. Ha sido una pieza clave en la organización de las beneïdes de Sant Antoni y, muy especialmente, en la procesión de la Beata, que se celebra cada primer domingo de septiembre. Desde los años setenta participó en el diseño y montaje de carrozas que acompañaban a la Glorificació, entre ellas las dedicadas al Molino y a la capilla de la Beateta de Valldemossa.
Ya jubilado del trabajo más pesado, l’amo en Mateu encontró una nueva manera de seguir creando: las miniaturas de mobiliario mallorquín, escaleras y antiguos juguetes. De un encargo mal interpretado surgió una afición que le ha llevado a hacer cientos de piezas, repartidas por varios países. En 2017 donó al Ayuntamiento 232 miniaturas para repartirlas entre los mayores de 70 años, y la iglesia de Santa Margalida guarda varios de sus regalos.
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