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Sebastià Borràs avisa sobre la planta invasora que amenaza el Gorg Blau: "El día que se les vaya de las manos será como las cabras o los mapaches, no habrá nadie que la pare»

El voluntario de arqueología y gran conocedor de la zona advierte que el tabaco moruno tiene una "enorme capacidad de expandirse"

Sebastià Borràs es un gran conocedor de la Serra.

Sebastià Borràs es un gran conocedor de la Serra. / T.B.

Rosa Ferriol

Rosa Ferriol

Palma

Sebastià Borràs, voluntario de arqueología y buen conocedor de la vegetación de la Serra de Tramuntana fue quien dio la voz de alarma a través de sus redes sociales sobre la presencia de una planta invasora en el entorno del Gorg Blau. Aclara que no habla como especialista, sino como alguien que “se ha criado toda la vida en la montaña” y está acostumbrado a observar el paisaje con atención. «Yo no soy botánico. No sé hasta qué punto esta planta puede afectar a la calidad del agua. Yo lo único que digo es que es una planta potencialmente peligrosa, tóxica y con una enorme capacidad de expandirse», resume en referencia a la Nicotiana glauca, más conocida como tabaco moruno que crece en la ribera sur del Gorg Blau.

Numerosos ejemplares de la planta tóxica crecen sin control en la ribera del embalse del Gorg Blau.

Numerosos ejemplares de la planta tóxica crecen sin control en la ribera del embalse del Gorg Blau. / J.Mora

Cuenta que hace dos años una docena de estas plantas le llamaron la atención. Estaban entre el yacimiento de Almallutx donde ayuda en las tareas de arqueología como voluntario y los terrenos de Emaya. Allí, debido al agua, no crece absolutamente nada pero esta planta tiene la capacidad de crecer cuando el agua baja. “Hace dos años, la planta me llamó la atención, en el embalse no hi té cap feina. Como no sabía cuál era, la investigué y ya publiqué una alerta a través de mis redes sociales pero este año, cuando volvimos a excavar en el yacimiento, me encontré que había una barbaridad», desvela. Además, añade que tiene un gran conocimiento de las plantas autóctonas, por ello, cuando observa alguna que “se sale de madre”, le llama la atención. “Ahora lo que más me ha impactado ha sido el volumen que tiene”. “Se ha expandido. Crece mucho y es enorme. Mide unos tres metros. Tiene unas tijas muy fuertes. El día que se les vaya de las manos será como con las cabras o los mapaches, no habrá nadie que la pare».Borràs insiste en la capacidad de la planta para prosperar en condiciones donde otras especies no lo hacen: «Cuanto más pobres son los terrenos, mejor crece esta planta. La he visto incluso en rocas cerca del mar, en el Port de Sóller".

Otra imagen de la extensa colonia de la planta invasora que ha crecido junto al embalse.

Otra imagen de la extensa colonia de la planta invasora que ha crecido junto al embalse. / J. Mora

Consumo

A nivel de salud pública, se muestra prudente. «Ahora mismo son un centenar o dos centenares de plantas. No creo que afecte a la calidad del agua porque se depura. No es un problema por el consumo humano. Me imagino que cuando el volumen del agua suba de nivel muchas de estas plantas se morirán, pero si tienen tóxicos o no, no lo sé». Lo que sí tiene claro es el impacto potencial sobre la flora local si la invasora se expande fuera de la zona que el embalse cubre de agua. «Se cargaría la vegetación autóctona en caso de que salga de la zona donde la cubre el agua, y eso es muy fácil que pase. Ahora, de momento, no pasa porque donde crece ella no crece nadie más».

Aunque advierte de los riesgos, reconoce que se trata de una especie visualmente muy llamativa: «La verdad es que es una planta muy bonita, muy grande, muy potente, muy vigorosa. Tiene unas hojas brillantes y una flor amarilla pero es una cabrona», resume entre risas. Si hace dos años ya alertó de la situación, ahora lo ha vuelto a hacer a través de sus redes sociales. Desde entonces, el cambio ha sido evidente: «Hace dos años eran unas cuantas plantas y pequeñas, solían medir un metro. Ahora se ven desde la carretera y están al otro lado del embalse. El volumen que tiene ahora la planta es lo que más me ha llamado la atención».

Como ejemplo de gestión eficaz, cita el caso de la avispa asiática. «Con la avispa asiática, la administración se puso las pilas y la erradicaron. Con las cabras y los mapaches se les ha ido de las manos. Y cuando se te escapa de las manos, es incontrolable. Esta planta tiene una capacidad de dispersión enorme», avisa.

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