NAVIDAD
“'Fer neules' me relaja más que una pastilla”: El mensaje de los asistentes a los talleres navideños en Mallorca
El Consell organiza estas sesiones en Palma, Inca y Manacor. Sus asistentes aseguran que el proceso artístico se ha convertido en una auténtica pasión que les ayuda a evadirse: «No piensas en nada, es como meditar»

R.F.
«Aquesta virgeria no sé ni com m’ha sortit», comenta mientras levanta al aire una neula recién terminada una de las alumnas del Taller de Neules impartido por Bàrbara Llinàs y organizado por el departamento de Promoción sociocultural del Consell de Mallorca en Manacor, Inca y Palma. La maravilla artística se ha logrado con tan solo un papel en blanco y unas tijeras. Asistimos a uno de esos talleres impartidos en la capital del Llevant. Lourdes Ribalta ha creado una neula doblegada aunque en estas clases también se elaboran neules calades que requieren bisturí y una tabla de corte. Sobre la mesa, restos de recortes, tijeras, bisturís y plantillas. Y una concentración que no tiene nada de casual. De hecho, una de las alumnas desata las risas del resto de la sala cuando confiesa que mientras corta no puede ni respirar. Así que papel en mano, los asistentes dejan que las tijeras o el bisturí marquen el ritmo. El taller reúne veteranas neuleres con más de 25 años de experiencia y personas que acaban de descubrir que esta tradición tan artística propia del Nadal mallorquí es una auténtica pasión que les ayuda a evadirse.

NAVIDAD | El taller de 'neules', en imágenes / Biel Capó
Lourdes Ribalta explica que empezó con el arte de las neules el año pasado. «Lo conocí gracias al boca a boca. Me comentaron que se hacían estos talleres y lo probé. Me encantó». «Lo que más me gusta de fer neules es que no piensas, te evades. Te centras en la neula y no piensas en nada, es como meditar». El taller se ha convertido en un pequeño refugio cotidiano. Antonia Truyols, que también empezó el año pasado, lo tiene clarísimo: «Me gustan todas las manualidades. Desconecto, me tranquiliza. Si estoy nerviosa, es una manera de relajarme, en vez de tomarte una pastilla». A su lado, Maria Juan asiente: «Si te gustan las manualidades, te invita sola a ponerte a hacer neules».
Y si algo tienen les neules es que une a generaciones y, ni de lejos, todo son manos femeninas. Llorenç Galmés lleva tres años cortando neules: «Las manos hacen un buen trabajo». Eso sí, aquí, cuando te equivocas, es una neula rota». Pero este acto no se percibe como un fracaso si no que se esconde una lección de paciencia y precisión. Pero Llorenç tiene claro que más allá de la técnica, es importante «conocer el origen y para qué servían las neules».

Las herramientas para el taller de 'neules'. / Biel Capó
Precisamente, ese origen lo ha perseguido durante años Catalina Mestre, de Felanitx, que lleva más de 25 años «de tallar i tallar», como ella misma dice. Esta neulera experimentada cuenta que su «curolla» por las neules empezó precisamente por esa curiosidad: «Tenía ganas de conocer el origen de las neules. Busqué en bibliotecas y en librerías hasta que me di cuenta de que no había nada de nada. En aquella época no había internet. No me quedó otra que acudir a las monjas, pero en el convento fue un tema tabú. Ni me las mostraron. Pero me las ingenié, porque ellas eran quienes dominaban el tema». Así, se puso a escribir todo lo que tenía recopilado sobre las neules y fue tocando puertas de los conventos en busca de información con la excusa de que quería hacer un libro. Fue así como Catalina fue reconstruyendo la historia y la técnica de este arte que decora la Navidad mallorquina.
Tradición artística
Hoy, la pasión de las maestras neuleres se han convertido en talleres que llenan aulas . Y las que enseñan aseguran que reciben mucho más de lo que dan. «Me aporta más a mí que lo que yo les puedo enseñar», confiesa Bàrbara Llinás. «Verlos que disfrutan creando una pieza tan artística y tradicional no té preu. Saber que tengo algo que ver en que ellos hagan una cosa que disfrutan es extraordinario». Llinás también lleva más de 20 años elaborando neules: «Soy una apasionada de nuestras tradiciones y las neules combinan la parte artística y las tradiciones». Si algo tiene claro es que las neules son mucho más que una decoración navideña. Son un puente entre épocas. Las neules no entienden de generaciones. «Para que una tradición no se pierda, la tenemos que enseñar de cuna, tenemos que entrar en las escuelas. Es muy importante entrar en los colegios porque los alumnos lo transportarán de las aulas a las casas. Antiguamente se sentaban familias enteras a hacer turrón y a fer neules». De hecho, Bàrbara Llinàs también imparte talleres en colegios: «Ver a un niño recortar una neula es uno de los placeres más grandes que tengo en Navidad». En las escuelas, explica, el proceso está pensado para que todos puedan sentir que crean algo propio. «Primero empezamos por las neules doblegades, para que, en poco tiempo, puedan lograr una cosa que han creado ellos. Luego, de las tijeras pasamos al bisturí». «Se sorprenden de que los tratemos como a un adulto porque les damos una herramienta que normalmente no tienen, porque corta mucho. También les proporciono una tabla de corte y ellos saben que tienen que elaborar una cosa que les voy explicando. Les reparto un papel y ven el dibujo. Cuando empiezan, se crea un silencio. De hecho, algunas maestras me dicen que hay niños que son muy movidos y con el taller de neules están quietos, concentrados». Además de concentración, las neules enseñan a gestionar la frustración: «La neula se puede romper y aprenden que no han perdido el tiempo, sino que es un tiempo invertido haciendo una cosa que no ha salido bien, pero que lo volverán a intentar y saldrá bien».
En cada figura recortada hay algo íntimo: un rato de silencio, una respiración contenida, un pequeño orgullo cuando el papel se despliega y aparece el dibujo. Quizá por eso, cuando una alumna exclama «aquesta virgeria no sé com m’ha sortit», todos entienden que no habla solo de un trozo de papel, sino del pequeño milagro de haber creado algo bello con sus propias manos: una neula. Y así, entre bisturís, tijeras y recortes, las neules viven un momento muy dulce para decorar la Navidad.
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