Lletra menuda
Una abstracta propiedad pública

El solar de la calle Platja, número 9, de Cala Millor / Biel Capó
Hay imposibles que solo pueden transformarse en reales en manos de la Administración. Con gestores públicos de por medio, incluso un bien colectivo, lo de todos, puede adquirir el anonimato de lugar de nadie y, aunque esté en tierra firme, permanecer a la deriva en cuanto a propiedad y usos adecuados. Mediando la desidia administrativa, tales abandonos tienen hasta capacidad de consolidarse en cotizados espacios turísticos.
Dado que nadie se ha hecho cargo del solar de atribución municipal de la calle Platja de Cala Millor, la maleza, las corrientes de aire y la apertura de vallas se han encargado de asumir la propiedad de facto. De este modo ha quedado suplida la identidad colectiva de lo que es incapaz de demostrar que tiene dueño. Ahora, el Ayuntamiento de Sant Llorenç reacciona para aclarar una presunta titularidad municipal que consta en el inventario de bienes consistoriales y el catastro, pero de la que no existe documento acreditativo ni registro fedatario. El despliegue clarificador abierto debe superar etapas de publicación, exposición pública y recopilación técnica y municipal. Si los asientos registrales llegan a poder inscribir el nombre del Ayuntamiento de Sant Llorenç, Cala Millor estará en condiciones de acariciar una nueva promoción de vivienda pública que buena falta le hace, como a tantos otros lugares. El alcalde, Jaume Soler, ha expresado la intención de ceder la parcela, aún a la deriva, al IBAVI.
En el mejor de los supuestos, deberemos dar por sentado que ha sido la necesidad de vivienda social en enclave turístico la que ha espoleado al ayuntamiento llorencí para buscar parcelas en las que poder edificar. Así se ha dado cuento de que hasta es posible que él mismo disponga de una. Es un proceso aclaratorio en busca de utilidad, pero también una forma de quedar retratado, de dejar constancia del lastre acumulado, del hecho de que los papeles y los registros de propiedad municipal no están al día. Ni siquiera la dispersión urbana y conceptual de Sant Llorenç sirve para justificar estos lapsus de grueso calado.
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