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Arqueología

El yacimiento de Son Mas des Potecari de Inca desvela una misteriosa función ritual

Las últimas campañas sacan a la luz numerosos restos óseos de animales jóvenes y una cabeza de toro a la que se le habrían arrancado los cuernos, además de una estructura que insinúa un corredor hacia el interior del túmulo escalonado que se investiga desde hace cinco años

Joan Frau

Joan Frau

Inca

El yacimiento de Son Mas des Potecari, ubicado en una finca privada del municipio de Inca, empieza a ofrecer algunos indicios de una posible función ritual en la estructura sobre la que se han centrado hasta la fecha las cinco intervenciones financiadas por el Ayuntamiento de Inca con la colaboración del Consell de Mallorca.

Todo indica que esta construcción, ubicada temporalmente en una época de transición entre la Edad de Bronce y la Edad de Hierro, alrededor del año mil Antes de Cristo, sería un túmulo escalonado similar al existente en Son Ferrer (Calvià) en el que se celebrarían rituales comunitarios. Habría sido uno de los edificios centrales de un poblado del que todavía se desconocen muchos detalles pero que ocuparía una gran extensión de terreno, una de las conclusiones a las que han llegado los arqueólogos debido a la gran cantidad de restos de estructuras líticas que rodean el túmulo, entre las que sobresale un talaiot de grandes dimensiones que todavía no ha sido explorado. Un gran complejo arqueológico que sufrió importantes daños en los años 60, cuando la constructora de la carretera entre Inca y Santa Margalida se llevó grandes bloques de piedras para triturarlos como material de obra, aunque los técnicos creen que este proceso no afectó a las estructuras que siguen enterradas a la espera de que futuras excavaciones arrojen nuevos objetos y ayuden a ampliar el conocimiento sobre la preshistoria en el centro de Mallorca.

El túmulo que es objeto de investigación también pudo salvarse de la destrucción a excepción de un sector en el que todavía se aprecia el ‘bocado’ de las máquinas. El célebre arqueólogo Josep Mascaró Passarius evitó que se arrasara y pudo documentar parte de su estructura, entre la que destaca un corredor de entrada al núcleo central del edificio del que han empezado a salir indicios en las últimas campañas.

La arqueóloga que ha dirigido todas las intervenciones en Son Mas des Potecari, Magdalena Sastre, explica que una gran ventaja es que este conjunto “no ha sido alterado ni utilizado para otras funciones posteriormente”. Por ahora se sabe que incluye un núcleo central de forma cuadrada alrededor del cual se fueron adosando anillos concéntricos, como un “zigurat escalonado”, señala la técnica. También se ha constatado la existencia de una cámara interior que cuenta con una entrada desde la parte superior del edificio, que ya estaba documentada porque los propietarios de la finca han explicado que cuando eran niños entraban dentro de la estructura e incluso pudieron fotografiar la cavidad. Además, esta última campaña han salido a la luz los restos de piedra que evidenciarían otro corredor de entrada a la estructura, aunque de momento se desconoce si conecta con la cámara interior o bien con la plataforma superior.

El equipo de arqueólogos han encontrado este año numerosos restos de huesos de animales jóvenes que, según sospechan, se utilizaban para la celebración de rituales. Uno de estos restos corresponde a la cabeza de un toro a la que se le quitaron los cuernos, lo que potencia la idea de la función ritual debido a la “veneración” que aquellos pobladores prehistóricos sentían por la figura del ‘bou’, según subraya Magdalena Sastre. Además, en 1918 aparecieron en el entorno dos cuernos y una cabeza de toro, fabricados en bronce, que fueron adquiridos por un anticuario de Barcelona.

“Parece ser que tenía un carácter simbólico y comunitario”, explican los arqueólogos, que descartan totalmente la función de vivienda de esta gran estructura de la que cada año se conoce un poco más pero que, lejos de aportar respuestas, sigue planteando muchas preguntas. “No sabemos qué tipo de rituales se celebraban”, apuntan. Eso sí, la magnitud del edificio, desde el que se controlaba visualmente todo el entorno, hace pensar a los arqueólogos de que se trataba de una construcción importante para la vida comunitaria. “Tampoco podemos conocer todavía la magnitud exacta del yacimiento, por toda la finca hay pequeños túmulos que resultaron afectados por las obras de los años 60 pero que deben permanecer intactos en la parte subterránea”, añade la arqueóloga que dirige las intervenciones.

Los diferentes objetos que han ido apareciendo probarían también que el complejo había sido poblado durante una larga etapa histórica. Ha aflorado cerámica de época prehistórica, anterior a los ‘talaiots’, y también de etapas más modernas como la romana y la islámica, así como material lítico como la parte de un molino que se usaba para moler el grano. También se han recuperado metales como una moneda (ya de época cristiana), un brazalete de bronce, un fragmento de ‘picarol’ (cascabel) y un pequeño objeto circular de plomo que serviría como pasador para el pelo.

La regidora de Cultura del Ayuntamiento de Inca, Alice Weber, ha explicado durante la visita de este lunes que las diferentes campañas financiadas por el Consistorio han sacado a la luz la “gran relevancia” que tendría este complejo arqueológico y ha garantizado que en los próximos años la institución seguirá “apostando fuerte” para seguir conociendo la historia del yacimiento de Son Mas des Potecari.

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