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Lletra menuda

Ocupación y adulterio del medio rural

Imagen de la concentración celebrada el domingo en Pollença contra la planta de baterías de litio.

Imagen de la concentración celebrada el domingo en Pollença contra la planta de baterías de litio. / DM

Llorenç Riera

Llorenç Riera

El sentido de la proporción, la necesidad y su control, lejos de las pretensiones expansivas que ignoran los límites insulares, se perciben como únicos elementos efectivos para entablar amistad con una contestación cívica que ya es una contante y poco a poco va adquiriendo el papel de conciencia social frente a las alegrías y actuaciones superficiales y administrativas. Ocurre en una Mallorca agotada en la que ya no hay proyecto de una cierta envergadura que no sea contestado ni se considere un perjuicio para bienes y valores tanto particulares como colectivos.

El almacenamiento energético de baterías busca acogida en Mallorca. No es bien recibido. De obtener hospitalidad, será impuesta por administraciones superiores a la municipal y, por tanto, falsa, incómoda y desagradable. Aflora un nuevo proyecto de depósito entre Consell y Santa Maria y comienza a reproducirse el rechazo ya conocido de Pollença con la única diferencia de, por lo menos de entrada, una menor implicación del consistorio. En la iniciativa del Raiguer la oposición está estructurada por los Amics de Coanegra pero sus argumentos son perfectamente compatibles con los de Pollença. Se basan en la ausencia de interés público, la percepción especulativa, el temor a contaminaciones y riesgos químicos, todo ello aparte de la invasión de unos terrenos que por su propia naturaleza están destinados a usos agrícolas, ganaderos o forestales.

Esa, la ocupación del medio rural, su definición y protección, es una problemática mayor que va más allá del impacto que ahora mismo pueda ocasionar el almacenamiento de baterías. Mallorca parece tender ya sin remisión hacia lo metropolitano. En ello es fora vila quien se lleva la peor parte, entre otras cosas, porque es la propia administración autonómica y hasta algunos sindicatos agrícolas quienes incentivan tal devaluación. Así han llegado las vaquerías hechas alojamiento turístico, las acumulaciones de chatarra, los campos de placas solares y las caravanas por doquier. Lo residencial no es buen aliado para poner al día la productividad de los cultivos.

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