PESCA
Relevo generacional en el puerto de Cala Rajada: “Antes desaparecerá la pesca profesional por falta de pescadores que de pescado”
La falta de jóvenes dispuestos a embarcarse pone en riesgo el futuro de la pesca profesional. En Cala Rajada la tradición se mantiene gracias a unos pocos apasionados del mal como Raúl Ojeda y Toni Femenias

Toni Femenias junto a su marinero en Cala Rajada. / Biel Capó

Para garantizar la continuidad de cualquier oficio son imprescindibles los relevos generacionales. En la pesca profesional, cada vez es más difícil encontrar jóvenes dispuestos a mantener la tradición familiar o, simplemente, a asumir ese relevo. El puerto de Cala Rajada no es una excepción, aunque hay cambios generacionales, que siguen la tradición familiar u otros que deciden embarcarse por vocación en la pesca profesional.
Un ejemplo es Raúl Ojeda, un joven que, pese a no provenir de una familia marinera, siempre sintió pasión por el mar. Desde niño pescaba como recreista y practicaba buceo. Más adelante se formó como patrón de altura y en mecánica naval en Palma, antes de trabajar como mecánico en una embarcación de arrastre. Tras pasar por una barca más pequeña, Es Virot, donde estuvo dos años, adquirió su propia embarcación de menos de ocho metros, Penyal Blano. Hoy faena casi todo el año en solitario.
Raúl reconoce que en temporada alta ha llegado a trabajar hasta dieciséis horas seguidas. En cambio, durante la temporada baja la pesca disminuye por el enfriamiento del agua, y aprovecha para reparaciones y mantenimiento. Admite que sin vocación no se dedicaría a este oficio, aunque también asegura que “el mar es agradecido: si trabajas, pescas”.

Raúl Ojeda, en su embarcación en el puerto de Cala Rajada. / Biel Capó
Otro caso similar es el de Toni Femenias, que creció muy ligado al mar de la mano de su padre, pese a que este tampoco provenía de una saga marinera. Hoy subsiste junto a su marinero gracias al trabajo intenso de la temporada alta, mientras que el invierno se vuelve más complicado. Entre restricciones, el aumento de gastos y los días de mal tiempo, salir adelante se hace cada vez más difícil.
Toni explica que hace poco han abandonado la pesca de la llampuga: aunque este año hay abundancia, la demanda en el mercado es baja. Ahora se dedican al salmonete y el verderol, capturas que pueden obtener más cerca del puerto para reducir costes. Sin embargo, deben enfrentarse a nuevos problemas como los continuos ataques de delfines, que destrozan sus artes de pesca. Todo ello se agrava en la temporada baja, “que es pura pesca de subsistencia”. Por ello, recalca que “hay que aprovechar la temporada alta”.
El puerto gabellí también cuenta con ejemplor claros de continuidad. En la familia Mercant, Joan y Pedro Cactus son descendientes de aquellos primeros pescadores de Cala Rajada, única saga que hasta el momento continúa con el cambio generacional. Sus descendientes, Joan y Miquel Àngel, están al frente de dos embarcaciones de arrastre. Más allá de estos casos y quizá dos o tres más, la realidad es que cada vez quedan menos barcas profesionales en un puerto fundado gracias a grandes sagas de pescadores mallorquines pero que el cambio generacional está haciendo mella.
Dureza del oficio
Los pescadores jubilados del puerto gabellí recuerdan la dureza del oficio, la inestabilidad económica y la escasa retribución, factores que desaniman a los jóvenes. Reconocen que es un trabajo duro, pero también que ha permitido a muchas familias vivir durante décadas. Destacan, además, algunos aspectos positivos: la posibilidad de jubilarse antes, la libertad de trabajar en el mar abierto, las salidas de sol o el contacto directo con la naturaleza. Aun así, coinciden en que es cada vez más difícil encontrar marineros para las embarcaciones profesionales. Eso también afecta al cambio generacional. “Para poder encontrar personal, tienes que acudir a trabajadores de otras nacionalidades, muchos de ello proceden del continente africano, que son quienes cubren la falta de mano de obra”, explican. “Antes desaparecerán los pescadores profesionales de Cala Rajada por falta de pescadores, que por falta de pescado”, esgrime un curtido pescador retirado. El veterano pescador razona su afirmación ya que las normativas restrictivas ayudan a no agotar los bancos de pesca —algo positivo para el ecosistema y para el propio sector—, pero advierte que lo realmente preocupante es la falta de gente joven dispuesta a dedicarse al mar.
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