Feria
Dijous Bo 2025 | Hablan los vendedores, el alma del Dijous Bo: “Es una feria especial”
Eugenio Martínez lleva 51 ediciones participando en la ‘fira de fires’: “Me siento orgulloso de ser el placer más antiguo”
Antònia Matas lleva 40 años sirviendo flores y plantas en el Dijous Bo: “Marca un punto de inflexión y es el pistoletazo de salida de las ventas navideñas”

Guillem Bosch
El Dijous Bo no solo es la fira de fires de Mallorca, es también una cita con la memoria, con las tradiciones y con las personas que, año tras año, dan vida a las calles de Inca. Son los placers, el alma del mercado que comparten una historia que va mucho más allá de la venta. Cada noviembre, Inca late con fuerza. Las calles se llenan de olores, voces, risas y recuerdos. Entre puestos de flores, mieles, cuchillos, churros, artesanía y todo tipo de gastronomía, se esconden historias de generaciones que han crecido junto a esta gran cita del calendario mallorquín.

Antònia Matas lleva más de 40 años participando en el Dijous Bo. / Guillem bosch
Antònia Matas engalana cada año parte de la Plaza de España de Inca con sus flores y plantas. “Llevo más de 40 años en el Dijous Bo”, confiesa, rodeada de ramos que perfuman el ambiente inquer. “El cambio ha sido brutal. En algunas cosas hemos mejorado, en otras, no tanto. Antes se vendía mucho más, la gente compraba sin mirar tanto. Ahora miran mucho”. Cuenta que ahora se han puesto de moda los ramos que duran todo el año: “El año pasado empezaron a comprarlos mucho, junto con los ramos de Navidad”. Sin ninguna duda, para Antònia esta feria tiene algo especial: “El Dijous Bo marca un punto de inflexión. Me gusta hacerlo bonito, traer cosas nuevas. Marca el punto de partida de las ventas navideñas, por ejemplo, las primeras ponsetias las traigo para el Dijous Bo”, confiesa.

Biel Cerdà ha celebrado este año su segundo Dijous Bo. / Guillem bosch
En la plaza Santa Maria la Major han confluido Eugenio Martínez y Biel Cerdà. El primero es todo un símbolo de veteranía ya que suma más de 50 Dijous Bo mientras que el segundo se estrenó el año pasado en la fira de fires. Con orgullo y serenidad, Eugenio recuerda sus comienzos: “Llegué de la península con diez años y empecé a ir por el taller de los Hermanos Campins. Mi primer Dijous Bo fue con ellos. Cuando se jubilaron, cogí el negocio y seguí con la marca. Hace 51 años que asisto al Dijous Bo. “Ha cambiado un 100%. Antes había muchos animales, cabras, vacas... ahora no los pueden traer. El Dijous Bo era un día grande, pero no era ni una parte de lo que es ahora”.
Evoca con nostalgia aquellos finales de feria: “Cuando terminábamos el mercado, íbamos a Can Rovira a hacer turrón y tomar mistela”. Eugenio explica que las ventas también han cambiado. Ahora traen más variedad de utensilios porque los trinxets o cuchillos elaborados artesanalmente con madera mallorquina de limonero, almendro o algarrobo a nivel de precio no pueden competir con los industriales. “Antes la gente esperaba el Dijous Bo para comprar los cuchillos de las matanzas”. Eugenio Martínez solo hace el Dijous Bo y la feria de Consell que es de donde viene. “Me siento orgulloso de ser el placer más antiguo del Dijous Bo. Con los años he hecho muchos amigos. Si no viniera a vender, vendría igual, solo por pasear y saludar”.
Biel Cerdà sigue los pasos de su padre en “Mel de Ca Nostra”: “2024 fue mi primer año en el Dijous Bo, aunque mi padre ya venía hace tiempo. Ahora le ayudo, es una empresa familiar”. En su puesto se mezclan mieles y mermeladas, y una ilusión que se contagia: “Hay mucha gente, es una feria muy especial”.

La presidenta Marga Prohens y el alcalde, Virgilio Moreno, con Rafel Beltrán. / Guillem bosch
Reconocimiento
Durante la vuelta institucional de la comitiva política, se ha vivido uno de los momentos más emocionantes de la feria. El Ayuntamiento de Inca ha querido homenajear a los placers otorgándoles una distinción. Uno de ellos ha sido el veterano Rafel Beltrán, que fue el encargado durante 21 años de organizar el mercado semanal del Dijous y también la gran feria de noviembre. “Controlábamos la gente, colocamos el mercado y pasamos las novedades al alcalde. “Cada Dijous eran 600 personas participando en el mercado. En el Dijous Bo tenía la ayuda de cinco guardias y dos personas del Ayuntamiento porque solo era invibale. Recuerdo que salía de casa el miércoles y no volvía hasta el viernes por la mañana”. Así, el Ayuntamiento ha querido reconocer tantos años de dedicación y esfuerzo para que cada Dijous todo funcionara como un reloj.
Y otra de las paradas obligadas de cada Dijous Bo es la Churrería Josana. Los hermanos Maribel y José Bizquerra sonríen al recordar los comienzos: “Nuestros padres empezaron hace 45 o 50 años. Nosotros somos la segunda generación y ahora nuestras hijas también vienen”.El aroma de los bunyols y los churros es ya inseparable del Dijous Bo: “Para nosotros es una feria súper especial, es nuestra. Es del pueblo de Inca, pero también la sentimos muy nuestra. Si no hay churros, no hay bunyols”, dicen muy emocionados por haber recibido el reconocimiento del Ayuntamiento de Inca, que tampoco se ha olvidado de Maribel, una placera fiel que nos ha dejado hace unas semanas y sus familiares han recibido entre lágrimas y muy emocionados el detalle del Consistorio.
Sin ninguna duda los placers son el alma que hacen que el Dijous Bo sea la fira de fires, una feria que año tras año evoluciona pero sin perder su esencia.
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