Dijous Bo
Bochorno, escopetas y sobrasadas XL: la otra cara del Dijous Bo 2025
El amplio despliegue policial, la moda propia de la 'fira de les fires' o la diversidad económica de la oferta gastronómica, entre las curiosidades de la edición de este año de la gran muestra de Inca

Las imágenes del Dijous Bo / Guillem Bosch
Hubo un tiempo, no muy lejano, en que el Dijous Bo servía, entre otras cosas, para que los asistentes estrenasen su ropa de abrigo. Sus chaquetas, sus jerseys, sus bufandas en algún caso. Mediados de noviembre, en ese tiempo no tan lejano, era la época que anunciaba el invierno. Hacía frío. Pero ese tiempo ya pasó. Ahora, en estos días, se sigue tirando de ropa de verano, mientras las chaquetas, los jerseys y las bufandas acumulan polvo en el armario. Así lo vivieron este jueves los miles de asistentes a la gran feria de Inca. La gente iba en camiseta, con pantalones cortos. A quienes iban con chaquetas y jerseys se les veía resoplar, incluso buscando en algún momento una sombra donde cobijarse. Noviembre desde luego ya no es lo que era, a nivel meteorológico.
Ir a ver y a dejarse ver
Siguiendo con el tema moda, otro apunte. Una feria siempre es un lugar adonde ir a ver y a dejarse ver, por lo que son muchos los que sacan sus mejores galas para lucir de forma destacada cuando empiecen a encontrarse con amigos, conocidos... y enemigos, porque no es plan que uno se encuentre con alguien que le cae mal y le vea hecho una piltrafa. En el Dijous Bo, se ha llegado a otro nivel. Causó sensación una persona que lleva a su perro vestido con una camisa. Está claro que todo ser viviente tiene que ir guapo en una fecha tan señalada.

Un perro con camisa en el Dijous Bo / R.F.
"Agente, ¿me deja mirar su escopeta?"
La Guardia Civil es elemento de la feria que, además de vigilar, también puede amenizar. En el Dijous Bo, de unos años a esta parte, la gran vigilancia policial se ha convertido en un clásico. Numerosos guardias civiles, con metralletas en mano, patrullaron las diferentes arterias por las que se desparrama la feria. Algunos lo consideran excesivo y otros lo ven bien, porque nunca habrá gustos comunes en esta vida. Lo que es cierto es que, en algún caso, se convirtieron en un elemento lúdico más de la feria. Uno de los asistentes al Dijous Bo, que debía de ser curioso por naturaleza, le pidió a un guardia civil a ver si era posible que le dejase mirar por la mirilla de la escopeta, a lo que el agente accedió para satisfacción del ciudadano, que puso cara de niño con zapatos nuevos. No cuesta nada hacer feliz a la gente.
Comida gratis vs comida gourmet
El Dijous Bo, en su inmensidad, representa un mundo de contrastes. En lo culinario, por ejemplo. Hay productos gourmet y productos populares. Triunfan sobre todo los expositores donde se ofrecen degustaciones gratuitas de queso o jamón. Algunos abuelos meriendan a base de eso, escurriéndose entre las multitudes y haciéndose con facilidad, como si de ladrones del Louvre se tratasen, con el preciado trofeo culinario gratuito. Todo lo que sea gratis siempre triunfa, evidentemente. Faltaría más, ¿a quién le gusta pagar? Lo evidenciaron las largas colas que se formaron en torno a la gran fideuà que se hizo en el entorno del mercado. En el otro extremo, los productos 'delicatessen'. Como las trufas. Un puesto que siempre llama mucho la atención. Atención a sus precios. 100 gramos, por 80 euros; y 20, por 16 euros. Lo bueno se paga, claro, y la trufa es un elemento de alto valor añadido en cualquier cocina que se precie.

Puesto de trufas en el Dijous Bo / J.Frau
Banquetes medievales y sobrasadas XL
No dejamos el tema gastronómico, porque da para muchas más observaciones. A algunos asistentes les sorprendía la longitud de los comedores que instalan algunos chiringuitos de comida en la conocida como avenida de Lluc. Ocupaban tanto espacio como uno de esos banquetes medievales kilométricos con centenares de caballeros eufóricos tras una batalla. Unos comedores kilométricos en los que no hubiesen desentonado productos también gigantescos que se exponían en la feria. Como esas sobrasadas de tamaño XL que dejan con la boca abierta al público. En el expositor de Embotits Montuïri había un bisbe de seis kilos, ideal para un banquete multitudinario.

Amplia zona de comedor de uno de los puestos de comida en la avenida de Lluc / J.Frau
"Tota aquesta gent no treballa o què?"
Un vecino del Pla se paseaba tranquilamente por las decenas y decenas y decenas de puestos que se prolongaban hasta el infinito y más allá a lo largo de Inca. Miraba a su izquierda y a su derecha. Miraba con detenimiento. Pero no miraba los expositores de ropa, de zapatos, de pijamas, de velas, de artesanía, de coches, de camiones, de empresas, de galletas, de juguetes, de colegios que recaudaban fondos para viajes de estudios... El hombre miraba a la gente, a esa riada de asistentes que desde primera hora procesionaba entre la multitud de expositores. El vecino del Pla compartió una reflexión con su acompañante: “Però tota aquesta gent no treballa o què?”. Una pregunta pertinente, sin duda, al tratarse de un día laborable. Una cuestión que debería ser objeto de una encuesta popular en próximas ediciones del Dijous Bo a efectos demoscópicos.
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