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Lletra menuda

Presión entre pretextos inexplicables

Más de 200 vecinos se manifiestan en Valldemossa contra el cierre de la 'escoleta' municipal

Manu Mielniezuk

Llorenç Riera

Llorenç Riera

De ser cierto, como apunta el regidor de Educación, Kiko Marín, que la solución para evitar el anunciado cierre de la escoleta de Valldemossa se reduce a saldar una deuda de 35.000 euros con la Associació Òmnium Educatiu, el grado de incomprensión ante el cúmulo de malestar que se amontona estos días en la población, se eleva a su máxima potencia. Un Ayuntamiento en sus cabales no deja a la intemperie a los párvulos por tan módica cantidad de dinero ni, por poco que aprecie de su imagen, permite que le monten una manifestación una tarde de día laboral. Doscientas personas, pancarta en una mano y cochecito en la otra, son significativas en una población de las características de Valldemossa. Es la señal inequívoca de la ruptura entre Consistorio y residente.

Dado que los parcos justificantes esgrimidos son muy superficiales, deberemos decantarnos por sospechar que algo grave y más profundo está en la causa última del anunciado cierre de la escoleta el próximo día 19. No es un desencuentro sobrevenido. Hace tiempo que el contrato está caducado, ha sobrado tiempo para arbitrar una renovación o nueva convocatoria y ahora, con todas las alarmas activadas, sujeto a una constante presión, desde el Ayuntamiento solo se responde con un comunicado plagado de formalismos y evasivas. Ni un solo dato concreto, nada de compromisos formales.

Algunas pancartas de la manifestación de ayer tarde pregonaban que «basta de excusas de mal pagador». Si todo depende de 35.000 euros, a falta de justificación, quizás sea esta expresión la mejor forma de retratar el fiasco de gestión inexplicable. En todo caso, las consecuencias resultan mucho más grave que el hecho en sí. La escoleta de Valldemossa cerrará en una semana si los «intensos trabajos» de mal pagador del Ayuntamiento no dan resultado. Lo pagan los niños y las familias. Mientras los turistas admiran la villa, de puertas adentro, en la vida real, habrá equilibrios de conciliación cotidiana y enfado ante concejales que no saben responder a la necesidad. Serán dos Valldemossas paralelas y muy diferentes.

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